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Opinión | Revivir

València

La veleta de papel

De todos los sentimientos humanos que podemos alcanzar el más importante es el amor

El triunfo de Baco, de Velázquez.

El triunfo de Baco, de Velázquez. / ED

El odio, la perversidad, impiden a la mente pensar en algo más que el deseo de dominar, vengarse o apropiarse de algo o alguien a lo que no se tiene derecho. La maldad despeña la vida a las profundas simas del Averno. Una persona agresiva, dispuesta a violentar a otros, ha perdido el juicio abandonando su humanidad en pro de un mundo inhóspito y salvaje. No es humana una existencia donde te teman o adulen por pavura, que es un antídoto contra el amor. La sociedad se desarrolla mientras hombres y mujeres gozan, desde la armonía y la convivencia pacífica.

De todos los sentimientos humanos que podemos alcanzar el más importante es el amor. Sin cortapisas, ya sea eros, con una o más personas que amas o amaste; o ágape, con hijos, hermanos o amigos, y para mí lo más importante, con Dios. El amor sin apellidos es lo que logra que las personas se relacionen de manera deliciosa y personal disfrutando de alegrías y bienes. Amar es compartir. Para recordar o soñar dulcemente la conciencia debe estar tranquila, sin culpabilidades, saber que al menos intentaste hacer lo que debías, aunque fracasaras en el intento.

Los actos de amor quedan grabados a fuego en la memoria. Lo bueno, bello e íntimo perdurará, de forma que cuando el viento sople con fuerza, la oscuridad vaya adueñándose y el frío comience a aterir tus huesos, puedas evocar con intensa calidez aquello que fue auténtico. Lo traes a tu presente para sentirlo una vez más, en su propia dimensión personalísima, pero sin caer en el pozo de la obsesión o quedarte detenido en un tiempo pretérito, porque ambos casos son perniciosos no solo para el sufriente.

Nada se compara a saborear buenas viandas con quienes estimas, homenajear a Baco mientras transcurre una conversación pausada que, aun siendo el tema escogido pasional e importante, se sustituirá por otro, cada uno de ellos paladeados como granos plenos de azúcares líquidos de un racimo de uvas del intelecto. El placer de dejar pasar el tiempo gozando de la compañía del otro; il dolce far niente.

Quizás solo superado por deslizarse entre sábanas de seda y raso, en el templo de Afrodita y Tánatos, escuchando el aullido de los lobos cantándole a la luna llena, al tiempo que se sacrifica en el ara con las únicas armas que aportan los cuerpos desnudos y deseados. Se detienen las manecillas del reloj al alcanzar el cielo infinito, donde los astros brillan con tal intensidad que explotan cual fogonazos, mientras émbolo y receptáculo se funden durante un instante sublime y eterno produciendo una pequeña muerte que, sin embargo, engendra vida.

Volver a escuchar voces, risas, sentir labios anhelados, oler el perfume corporal, percibir su sabor o sumergirte en la inmensidad de sus ojos, degustar un alimento

Si expurgamos los recuerdos de lo que les hemos añadido y sobra, las sinrazones, resentimientos, añoranzas, perjuicios, ilusiones y lascivias, si logramos dejarlo en su propia y desnuda realidad, cuando era sinceridad sin cortinas tornasoladas, podremos revivirlo intensamente. Volver a escuchar voces, risas, sentir labios anhelados, oler el perfume corporal, percibir su sabor o sumergirte en la inmensidad de sus ojos, degustar un alimento… es tornar a ese preciso instante solazándose, lo que te provocará una sonrisa o entristecerá y sin duda afectará a tu estado anímico; ello es así porque lo viviste.

Vivir intensamente hasta el mínimo detalle permite después poder deleitarte con esa vivencia, revivirla, aunque en ese momento no la captaras completamente, incluso que te doliera; mas disfrutar cada segundo de esta vida es lo que hace que valga la pena vivirla. Carpe diem, acumulando experiencias gratas, sin rechazar las otras, aprovechemos nuestro tiempo presente que es realmente efímero; de hecho ya pasó.

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