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Opinión

València

Elogio de la concordia

Enrique Benavent, arzobispo de Valencia, fue uno de los ponentes de la jornada en la Universidad Cardenal Herrera.

Enrique Benavent, arzobispo de Valencia, fue uno de los ponentes de la jornada en la Universidad Cardenal Herrera. / Fernando Bustamante

Asisto al acto organizado por, “Justícia i Pau”, en la Universidad Cardenal Herrera sobre, si, “¿Es posible el diálogo en una sociedad polarizada?”, donde preside el Rector, Navarro de Luján, presentación realizada por Emèrit Bono, e intervenciones del Arzobispo, Enrique Benavent, con dos políticos dialogantes, Fernando Villalonga y Joan Lerma, moderados por, Roberto Blasco, para desarrollar sus diferentes puntos de vista sobre el tema planteado.

Se aborda el tema del predominio de la razón, los efectos de la ilustración y la oportunidad de la religión, que nos recuerda al clásico, “Razón y Fe”. Desde perspectivas no siempre coincidentes, participa activamente el auditorio que plantea la necesidad de poner freno a la polarización, y a los efectos negativos del enfrentamiento, que alcanza a las redes sociales y a los medios de comunicación. Se llega a cuestionar la pasividad de la sociedad que olvida fácil masacres recientes, como la de Gaza, y Líbano, con posturas que se justifican desde diferentes puntos de vista, según ideologías, ignorando la necesidad del acuerdo para solucionar este conflicto, como otros.

No se trata, así, de mantener inamovibles las posturas ideológicas sino de atender a la solución de los problemas concretos de la ciudadanía. Eso es lo que importa y para lo que funciona la democracia, con la visión propia de las diferentes opciones políticas. La confrontación no resulta una novedad, pero la polarización no debe servir para perder el respeto al adversario y dejar sin alcanzar los posibles acuerdos.

Compartiendo sensaciones comunes y preocupaciones sociales, con pudor al expresar las emociones, y prudencia al enjuiciar las pasiones, convencidos de la importancia de convivir para alcanzar puntos de encuentro que posibiliten el avance en el bienestar social, cualquiera sea quien inicialmente lo promueva, con una sensación de tranquilidad al participar en los logros obtenidos. Conservando lo que hubiera que conservar y avanzando en lo que hay que conseguir para lograr el bien común. Sin demoras innecesarias ni mesianismos personalistas. Con prudencia y, al tiempo, ambición.

Adaptando lo histórico a lo contemporáneo. Aprendiendo a evitar repetir los errores que la historia nos revela y apostando por cumplir con las exigencias que una sociedad compleja, globalizada, lleva consigo. En la que los cambios son automáticos, y la realidad social se nos muestra a través de la inteligencia artificial, mientras lo único permanente, y más valioso, es la realidad humana.

El símbolo permanente de la libertad de expresión debe servirnos para acercar posturas, para encontrar la mejor solución y no para rompernos a garrotazos, cual la pintura negra de Goya, “Duelo a garrotazos”. La polarización debe significar el pasado, que también la hubo, y fue superada. La enseñanza de convivir debe iluminarnos, sin abalanzarnos sobre las tesis del rival, compartiendo lo válido del otro que puede justificar nuestro acuerdo.

Toda una lección para avanzar en el camino del encuentro para la solución de conflictos sociales, que la polarización agrava, avalando el sentido de la convivencia para superar las dificultades del entendimiento, evitando llegar al enfrentamiento al hacernos cargo de las dificultades del otro como muestra de una verdadera democracia vivida, que justifica el elogio de la concordia. Una sesión de, “Justícia i Pau”, que hizo honor a su propósito.

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