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Opinión | Bolos

Director de Levante-EMV

Florentino habla, Lim calla

La pasión del valencianismo se contrapone a la ausencia de comunicación del propietario del VCF

Ilustración de Florentino Pérez y Peter Lim.

Ilustración de Florentino Pérez y Peter Lim. / ChatGPT

El Valencia Basket jugó anoche uno de los partidos de su vida. Su equipo femenino empieza hoy la serie que puede darle otro campeonato de liga. El Levante ha dado un paso de gigante en Vigo para mantenerse y el Valencia de Lim tiene hoy la oportunidad de certificar la tranquilidad. Cuatro equipos y tres clubes que pasean el nombre de la ciudad en la élite del deporte. Despejadas las dudas sobre si habría espacio para tanto —porque lo hay—, está claro que, preocupaciones clasificatorias aparte, el fútbol y también el baloncesto forman parte de nuestro ocio más inclusivo.

Dos clubes gestionados desde aquí y el más representativo, cualitativa y cuantitativamente, teledirigido desde Singapur. Repasando la rueda de prensa de Florentino Pérez, esa que demostró cómo el trumpismo empieza a emerger entre nosotros, recordé las veces que Peter Lim se ha plantado ante la prensa de aquí para contestar preguntas. Ni una. Cero. En doce años, los que lleva como propietario del Valencia, solo le hemos oído su profunda dicción en un mensaje navideño de hace ya tiempo.

Lim tiene motivos para desatarse con nosotros, empezando por un servidor, muchos más que Florentino Pérez. Al presidente del Real Madrid no le hacen programas radiofónicos diarios a la contra, ni el Bernabéu retumba en cada partido contra su mandatario, como ocurre en Mestalla en el minuto 19 de cada encuentro. El VCF ha ganado pocos títulos desde el cambio de propiedad, pero estoy seguro de que, con el 1% de los levantados por el eterno rival, Lim ya tendría calle en la ciudad. Qué digo calle, una avenida o incluso plaza principal.

El victimismo, además de tóxico, siempre es engañoso; pero en el fútbol todavía más. La pasión, en cambio, es necesaria para todo y comprensible en la defensa de unos colores sobre el terreno de juego. Luego, las alegrías, tristezas o desengaños por un resultado son consustanciales a las expectativas de cada cual. Cierto es que en un estadio coinciden muchas de ellas a la vez, pero el error está en llevárselas a casa tras el pitido final. Como quien no se consuela es porque no quiere; el valencianismo balompédico perdió su club hace catorce años, sin que nadie llorara, todo lo contrario, entre un insólito júbilo.

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