Opinión | Bolos
Una relación institucional necesaria

Afterwork en Casa Seat con Juanfran Pérez Llorca, presidente de la Comunitat Valenciana, y Albert Sáez, director de El Periódico, durante un encuentro sobre actualidad política y económica. / Zowy Voeten / EPC
Una relación normalizada, en el mejor sentido del término, con Cataluña es una obligación para cualquier president de la Generalitat Valenciana. El cordial distanciamiento de Joan Lerma respecto a Jordi Pujol dio paso al entendimiento de Eduardo Zaplana con el histórico dirigente catalán para impulsar la Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL). Francisco Camps asumió parte del discurso pujolista para reforzar su oposición al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Alberto Fabra bastante tenía con mantener a flote el Consell en plena crisis. Ximo Puig se encontró con el giro nacionalpopulista de Carles Puigdemont. Más recientemente, el pacto de Carlos Mazón con Vox y la ofensiva del PPCV contra la AVL bloquearon cualquier posibilidad de diálogo, incluso con el talante moderado de Salvador Illa.
Juanfran Pérez Llorca ha dado un paso relevante durante una conversación pública en Barcelona, donde defendió una cooperación institucional fluida, como resulta lógico entre territorios vecinos. Basta viajar en cualquier Euromed para comprobar la conexión constante entre ambas comunidades autónomas. Por motivos laborales, académicos o familiares, y pese al retraso histórico del corredor mediterráneo, el eje València-Barcelona constituye un espacio estratégico para el desarrollo económico español.
El intercambio empresarial, logístico, universitario, social, deportivo e incluso cultural —pese a quienes se empeñan en levantar barreras— convierte a Cataluña en un socio natural para la Comunitat Valenciana. La disposición de Pérez Llorca e Illa facilita una relación beneficiosa para ambos territorios, porque el futuro compartido exige vínculos institucionales estables y respeto mutuo, también cuando existen discrepancias, como ocurre en cualquier convivencia vecinal.
Avanzar conjuntamente en la reivindicación de infraestructuras esenciales, como el corredor mediterráneo, resulta imprescindible. Un bloque sólido junto a Andalucía para reclamar una financiación autonómica más justa tendría un peso decisivo en Madrid. Sin embargo, los intereses partidistas continúan imponiéndose a menudo sobre las necesidades territoriales, un error enquistado en los dos grandes partidos nacionales. Esa dinámica, lejos de fortalecer el Estado —como sucede en modelos federales como el alemán—, debilita la arquitectura institucional.
Salvador Illa dejó una impresión positiva en el tejido empresarial durante su visita a València el pasado septiembre, cuando reivindicó la necesidad de superar la visión radial de España. Un planteamiento con el que coincidiría cualquier president del Consell.
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