Opinión | Bolos
Cómo se desactiva una huelga indefinida
El Consell de Pérez Llorca afronta su primer conflicto de calado con un sector docente unido, una consellera cuestionada y la urgencia de evitar que el malestar se enquiste

Una imagen de la masiva manifestación del viernes en València. / Ana Escobar/Efe
No hay una inteligencia artificial capaz de resolver un conflicto humano, y mucho menos uno sindical. Tras una semana con muchas aulas vacías, protestas masivas e históricas, y una demostración de plena unidad sindical, el Consell de Juanfran Pérez Llorca se enfrenta a su primer contratiempo de calado. Deberá salir de él en los próximos días si no quiere verse atrapado en la misma red de aislamiento que atenazó a su antecesor.
No se trata de una huelga política. Estamos ante una protesta de todo el sector docente, con amplio apoyo de las familias y también de los alumnos de bachillerato. Enfrente tiene a una consellera superada, mal asesorada por un equipo heredado de José Antonio Rovira, el mismo que presume de que a él no le habrían organizado una huelga así.
A este patio escolar embarrado se suma el evidente descontento de alcaldes del PP que asisten atónitos, sobre todo en la provincia de Valencia, a la incapacidad del Consell para anticiparse a un malestar anunciado. Después del enorme desgaste provocado por la pésima gestión de la dana, Llorca no podía permitirse otro conflicto mal leído. En política no hay marcha atrás, pero ha quedado demostrado que Carmen Ortí, pese a proceder del sector, no vio venir la protesta. Y la falta de empatía es hoy uno de los peores defectos que puede exhibir un gobernante.
Este lunes hay una nueva cita para buscar una salida. Será difícil que concluya con un preacuerdo, porque los sindicatos llegan reforzados tras la gran manifestación del viernes, unas imágenes que han empezado a preocupar a la dirección nacional del PP de Alberto Núñez Feijóo. Habrá que ver cuál es la oferta de la Conselleria ante las demandas del sector; desde la propuesta de aumento salarial hasta el resto de la tabla reivindicativa.
Los representantes docentes son conscientes de que, pese a la exhibición de unidad, estamos en unas fechas clave de final de curso. Lo son, en primer lugar, para los alumnos de 2.º de bachillerato, pero también para el resto, con el consiguiente estrés familiar. Saben, además, que por mucha razón que asista a los huelguistas, los descuentos en la nómina del mes que viene pueden reducir el impacto de la protesta en los próximos días y provocar las primeras tensiones entre los sindicatos más pragmáticos y el mayoritario.
Más allá del tacticismo y del control de daños, lo saludable para todos sería alcanzar una solución cuanto antes.
Activismo responsable
El desgaste del PPCV en esta legislatura es evidente: primero con la dana y ahora con la huelga docente. Sin embargo, las encuestas siguen dando una victoria al bloque de las derechas, aunque más ajustada que nunca. En el caso valenciano, además, ese espacio suele perder apoyos a medida que se acerca la convocatoria electoral.
El PSPV y Compromís han estado muy activos en las protestas, como era previsible. Pero, más allá de aplaudir a los manifestantes del viernes, desconocemos cómo resolverían el conflicto. Porque con el Botànic no hubo paros, cierto, quizá por el trasvase de dirigentes sindicales a sus candidaturas, pero tampoco se desactivó el malestar de un sector clave para el bienestar colectivo.
Confederalismo hidrográfico
El president Pérez Llorca introdujo en su acto público de Prensa Ibérica en Barcelona una novedad en su catálogo que merece reflexión. Cuestionó el papel de las confederaciones hidrográficas, en particular las del Júcar y el Segura, como garantes de una gestión eficaz del agua. Dijo que todos los alcaldes saben que solo sirven para multar. Entonces me vino a la cabeza Miguel Polo, presidente de la CHJ, que tanto en el juzgado de Catarroja como en el Congreso se parapetó en su condición de funcionario; es decir, en la de alguien que cumple las órdenes de su superior, en este caso el Gobierno de España.
Puestos a ser pragmáticos, como reivindica Llorca, cabe esperar que el PP reclame más pronto que tarde esas competencias hidráulicas para las comunidades autónomas. Confederados del agua.
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