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Opinión | La Zona

València

La bocina, la pausa y la locura

El Valencia Basket levantando el título de campeonas de Liga Femenina Endesa en el Roig Arena.

El Valencia Basket levantando el título de campeonas de Liga Femenina Endesa en el Roig Arena. / Francisco Calabuig

Hay victorias que se celebran. Y hay victorias que directamente se sienten. Que atraviesan el pecho antes incluso de que la cabeza sea capaz de procesar lo que acaba de ocurrir.

Lo de Valencia Basket este domingo fue exactamente eso.

Porque no ganó una liga cualquiera. Ganó una final imposible. Una de esas mañanas que convierten el deporte en algo mucho más grande que un marcador. Una de esas historias que solo entienden de verdad quienes estuvieron allí, quienes sintieron cómo temblaba el pabellón segundos antes de que Yvonne Turner soltara el balón más importante de la temporada.

Y entonces pasó.

Sobre la bocina.

Canasta.

Silencio de una décima de segundo. Y después, el estallido.

El Roig Arena explotó.

La grada en pie, abrazos, gente llorando, gritando, saltando como si quisiera quedarse suspendida en ese instante para siempre. Jugadoras corriendo sin rumbo fijo, emoción sobre la pista y una sensación colectiva de estar viviendo algo histórico. Porque lo fue.

La primera final de Liga Femenina Endesa disputada en el Roig Arena. Y el primer título levantado allí. No podía escribirse un estreno más cinematográfico. Ni más taronja.

Y quizá precisamente por eso será imposible olvidarlo.

Porque el partido fue durísimo. De esos que desgastan mentalmente. Casademont Zaragoza llevó la final al límite, obligó al Valencia Basket a sufrir cada posesión y convirtió el encuentro en una batalla de nervios, resistencia y fe. No hubo comodidad. No hubo control absoluto. Hubo tensión, errores, presión y la sensación permanente de que cualquier detalle podía decidir la temporada entera.

Y la decidió Yvonne Turner.

Y qué caprichoso es a veces el deporte.

Valencia VLC SPD baloncesto segundo partido de la Final de la Liga Endesa F entre el Valencia Basket y el Casademont Zaragoza en el que el Valencia Basket se ha proclamado campeón de Liga

El Valencia Basket tras conseguir el título de campeonas de Liga Femenina Endesa en el Roig Arena. / Francisco Calabuig

Porque hubo un tiempo en el que Turner vivió el lado contrario de una historia así. En aquella EuroCup Women de 2021 que supuso el primer gran título europeo del Valencia Basket, ella estaba en el equipo rival. Y fue precisamente en unos últimos segundos crueles donde vio escapar el trofeo tras los históricos tiros libres de Raquel Carrera.

Años después, el baloncesto le devolvió la escena desde el otro lado.

Esta vez no sufrió la puñalada final. Esta vez fue ella quien la clavó.

Ella quien sostuvo el último ataque. Ella quien encontró el espacio imposible. Ella quien silenció durante un instante el pabellón para provocar inmediatamente después la explosión de felicidad más grande que ha vivido el nuevo Roig Arena.

El deporte tiene memoria. Y a veces también justicia poética.

Pero sería injusto resumirlo solo en el último tiro. Porque esta Liga no pertenece solo a un tiro.

Valencia VLC SPD baloncesto segundo partido de la Final de la Liga Endesa F entre el Valencia Basket y el Casademont Zaragoza en el que el Valencia Basket se ha proclamado campeón de Liga

Awa Fam celebrando una de las canastas del segundo partido de la final de Liga Femenina Endesa en el Roig Arena. / Francisco Calabuig

Pertenece a un grupo de jugadoras que han hecho historia en València y que han convertido este proyecto en algo irrepetible. Este puede ser, además, el último gran título juntas de muchas de ellas con esta camiseta: Awa Fam, Leo Fiebich, Cristina Ouviña, Queralt Casas… nombres que ya son parte de la identidad de este equipo y que han construido, noche tras noche, una era.

Porque esto también va de ciclos que se cierran con gloria. De generaciones que dejan un legado más grande que los trofeos.

Porque las finales así no se ganan únicamente con talento. Se ganan con carácter. Con la capacidad de seguir creyendo cuando las piernas pesan y el reloj corre demasiado rápido. Se ganan con un pabellón empujando como si cada defensa fuera la última. Se ganan entendiendo que el baloncesto también es emoción colectiva.

Lo conseguido este domingo no es una casualidad, ni suerte, ni un milagro deportivo. Es la consecuencia de años construyendo algo serio, ambicioso y ganador.

Pero hay días que trascienden incluso a los proyectos mejor trabajados. Días que se convierten en memoria. Y este lo será.

Porque dentro de muchos años, cuando alguien pregunte cuál fue la primera gran noche del Roig Arena, muchísima gente responderá lo mismo: aquella en la que Yvonne Turner lanzó sobre la bocina y todo un pabellón perdió la cabeza.

Aquel día en el que Valencia Basket volvió a hacer historia.

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