Opinión | El Garbell
Más solidaridad y trasplantes, menos política zafia

Ana Tur y parte del equipo de la unidad de trasplantes del hospital La Fe transportan un corazón / GVA
Cada día, más de 5.000 personas esperan un trasplante en España. Son datos facilitados por el Ministerio de Sanidad el pasado viernes, pero son mucho más que simples números. El que ha tenido un familiar o conocido en esa situación, sabe de la ansiedad, incluso desesperación, en la que se vive mientras llega la llamada que puede cambiarlo todo. En algunos casos, en las formas más crueles de la leucemia, la cuenta atrás no es una metáfora. Por todo ello, entre tanta política zafia, tanto machismo rancio y tanto bobo desclasado, a mí me reconforta la solidaridad anónima que salva vidas. Me reconcilia con la especie humana la generosidad de tantas familias buenas que, en el momento más desgarrador, cuando pierden a un ser muy querido, son capaces de sobreponerse al dolor para decir sí a una donación y regalar lo más preciado.
La combinación entre ese altruismo y el trabajo de cientos de profesionales sanitarios permitió llevar a cabo 75 trasplantes en dos días el pasado mes de marzo. En ese complejo operativo, desplegado al milímetro, participaron 46 hospitales. De ellos, nueve son valencianos. Y, de nuevo, la Fe se erige como uno de los referentes. Eso sí es un hito del que sentirse orgullosos. La sanidad pública valenciana, hay que hacer hincapié en ello, es un líder mundial en esta parcela. Solo el año pasado se realizaron, en alguno de nuestros centros hospitalarios, 689 trasplantes. Uno cada cuarenta horas. Ahí, en esas partidas, ni pueden ni deben escatimarse recursos, sino todo lo contrario. A un paso de conocer cuáles serán los nuevos presupuestos del Consell que pilota el president Llorca, una siempre espera, anhela más bien, que los frágiles pilares del estado de bienestar no sufran más erosiones. No todo el mundo puede costearse, y cada vez menos, un seguro privado con el que recortar plazos en las pruebas diagnósticas.
Así que este lunes, los nuevos paros de docentes y médicos para reclamar mejoras laborales volverán a tensionar, más si cabe, servicios públicos tan sensibles, tan imprescindibles. Por el momento, no hay manera de revertir las insufribles listas de espera sanitarias. Tanta protesta continuada en el tiempo, además, solo contribuye a agravar la situación. En cuanto a las exigencias del profesorado, un colectivo que lleva una semana exhibiendo músculo en las calles, hoy es un día clave para poner fin a una huelga indefinida planteada en el peor momento del curso escolar. La política está para buscar salidas a las crisis, por complicadas que estas sean, y responder ante una ciudadanía harta, desencantada y descreída. Luego, insisto, se extrañan de la peligrosa y creciente desafección.
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