Opinión | A quien lea

Periodista y editor
Dos vías, un país: de Boira a Villalonga

Pérez Llorca y Diana Morant. / Levante-EMV
“Ocorrerà de sobte, netament, sens miracle,
com van ocórrer sempre les més senzilles coses.
Direu: ¿Qué és aqueix núvol blanquinós i festívol
que s’en va per deixar-nos alt i pur el nou dia?
Marria Beneyto. València. ‘Hereus’, 1956
Por simple carambola, se publicaron el 18 de abril dos entrevistas significadas para los valencianos. Al margen de sincronización alguna, en el diario Levante-EMV el subdirector Alfons Garcia entresacaba las respuestas del geógrafo y político Josep Vicent Boira (EL Cabanyal, 1963), al mismo tiempo que en La Vanguardia se publicaban las opiniones del diplomático –también político– Ferrán Villalonga Campos (València,1960) sobrino nieto de Ignasi Villalonga Villalba, en conversación con Salva Enguix.
Hay que votar
Ignasi Villalonga Villalba, el financiero que llevaba el Banco de València en su voluntad y su conciencia frente a Josep Vicent Boira Maiques, el geógrafo e intelectual que acepta el Reino y piensa en país, están lejanos y próximos a la vez. La política valenciana ha encendido las alarmas en el trance de ser, o no ser, ese espacio electoral donde se decida el futuro de España en 2027. Es el horizonte donde se mira el resto del Estado. Hoy por hoy, las consultas y encuestas no dejan dudar: el País Valenciano quedará en un sándwich, prensado por dos realidades marcadas por la derecha (PP) y la ultraderecha (Vox) tanto en el gobierno español, como lo está ahora, en su umbral autonómico. La truncada operación Mazón arroja balance negativo para el País Valenciano, cuya Generalitat tampoco parece que vaya a ser recuperada por la coalición del Botànic (PSOE y Compromís). Ferraz ha puesto a todo gas la maquinaria electoral. Vuelve de Irlanda el bombero José Manuel Orengo a apagar el desconcierto. Ha reaccionado tarde, mientras el botín político del País Valenciano se lo juegan en partida de póker a dos bandas, fuerzas políticas de signo centralista. El País Valenciano, tras la catástrofe de la barrancada de octubre de 2024 (dana) queda inerme, sin opciones políticas autóctonas. Los restos de Compromís se debaten entre sus raíces de eventual valencianía y la enmarañada unidad de la izquierda, después de pasar por la frustrante experiencia de Sumar.
El centro no se inventa
Dos carencias dejan al País Valenciano en la incertidumbre: la falta de partidos de obediencia valenciana que velen por los intereses de los ciudadanos y el vacío de la fuerza política transversal, en acordeón, que represente la moderación, la competitividad, el orden, la ideología liberal, la identidad, la productividad, la reindustrialización, la honestidad, la vertebración real del territorio y la comarcalización efectiva que nunca fue. La alternativa fiable y creíble que aglutine a las capas intermedias de la sociedad. Las que se sienten abocadas a la abstención o al voto en blanco. Los provincialismos secesionistas que contaminan las salas del poder valenciano, manipulados desde los partidos centralistas dominantes, son enemigos de la dinámica comarcal a la que desdeñan.
Nexo de unión
Boira saltó a la primera línea de la intrahistoria político-económica del País Valenciano como director académico del Institut Ignasi Villalonga. Destinado a ser nexo de unión entre lo que debería haber sido la burguesía valenciana de los negocios y su homóloga correspondiente clase dirigente en Catalunya. La losa que más pesa sobre la trayectoria y las urgencias de la política valenciana es el desconocimiento, al que se añade la ignorancia en las clases dirigentes. ¿Cómo van a salir del agujero de la inoperancia en el que se encuentran atascados –izquierda y derecha– si no tienen idea de dónde proceden y cómo se forjaron sus poderes?
Arrasar la particularidad
Ignasi Villalonga Villalba es el hilo conductor y la columna vertebral de estas coincidencias. Sin su impronta nada de todo esto hubiera sido posible. Proveniente del tradicionalismo carlista, fundó en 1918 el partido Unión Valencianista Regional con el apoyo de su amigo Francesc Cambó. En 1935 fue gobernador general de Catalunya. Durante la II República se integró en la Derecha Regional Valenciana que fundó Luis Lucia y Lucia, condenado a cadena perpetua por los republicanos y a muerte en juicio sumarísimo por un tribunal-piquete franquista. Condena que le fue conmutada por el confinamiento en Mallorca hasta su muerte. Estas circunstancias explican la trayectoria frustrada de la vocación política de Ignasi Villalonga. Su residencia durante la guerra entre Pamplona y Burgos le permitió, una vez acabado el conflicto, dedicarse íntegramente al mundo de los negocios en Madrid, a cambio de renunciar a la actividad política vinculada al País Valenciano. La persecución de los militantes y simpatizantes de la Derecha Regional Valenciana durante la guerra –por los republicanos– y en la posguerra –por la dictadura franquista– supuso la imposibilidad de que la burguesía valenciana se pudiera reincorporar a la política activa, en cuyo ejercicio resultó extinguida o escarmentada, para sus integrantes que habían logrado sobrevivir (Joaquín Maldonado Almenar).
Arco Mediterráneo
El País Valenciano representa la oportunidad de una política radicalmente nueva. La que acierte a definir la realidad posible y conveniente para los ciudadanos. No es tan difícil si hay voluntad de conseguirlo. Cerca y distante de Catalunya. En la relación con los catalanes se ha fallado por ambas partes. Catalunya encerrada a sí misma ha ignorado al País Valenciano. Los valencianos por complejo de inferioridad o paranoia inducida, se alejan de los vecinos del norte contra sus intereses. No encuentran la manera de suplirlos. La inexplicable tardanza y las paralizaciones del eje mediterráneo son síntomas de la mala fe política contra la dignidad valenciana. El corredor mediterráneo ferroviario ha consumido la paciencia de los valencianos. El centralismo celtibérico, por razones políticas, quiere a los catalanes distantes de los valencianos. No es problema de izquierdas ni de derechas, porque han mandado unos y otros, cuando el Arco Mediterráneo sigue sin ser una realidad.
Sándwich suculento
¿Hacia dónde apunta la responsabilidad de que los valencianos estén tan mal dirigidos? Hacia sus clases dirigentes. Los políticos del bipartidismo hegemónico piensan en la alternancia en el poder y en repartirse el botín. La burguesía constituye la parte más estructural y suculenta del sándwich valenciano, la que no ha sabido organizarse e ilustrarse para velar por sus conveniencias. La escala municipal, de alcaldes y exalcaldes, constituye una catapulta política en los partidos políticos, pero convendría disponer de otros perfiles para diversificar las formas de raciocinio y decisión en la política autonómica. Es otro punto débil para la política valenciana. Falta de líderes formados y preparados para gobernar territorio tan decisivo para configurar el futuro de la gobernabilidad estatal. Al fin tan necesarios y responsables, están los empresarios, en su mayoría burgueses y propensos al individualismo esterilizador. Mientras cada uno piense sólo en lo suyo, por encima del interés de los demás, del conjunto, que al final somos todos, el País Valenciano seguirá siendo una promesa eterna que nunca llega a realidad. ue nunca llega a realidad.
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