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Opinión | LA VELETA DE PAPEL

València

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Imagen de archivo de un espectáculo musical en las fiestas de Cullera.

Imagen de archivo de un espectáculo musical en las fiestas de Cullera. / Levante-EMV

No hace mucho asistí a un concierto de la Orquesta Mondragon, una gran concentración de personas principalmente de mi generación que disfrutamos de un buen espectáculo musical y del siempre festivo show de Gurruchaga. Pero eso no era importante.

Si lo era observar que a pesar de los tambores de guerra que se escuchan en lontananza, los efectos que ya sufre nuestra economía y los problemas de seguridad que podemos intuir, allí había mucha gente que lo que quería era disfrutar de la compañía de los otros en paz. Precisamente la palabra paz, fue la que mayor aplauso concitó de todas las pronunciadas. Es decir las personas en su gran mayoría quieren paz, tranquilidad y sosiego, que no es sinónimo de aburrimiento, sino de disfrute de la libertad tanto física como mental.

La locura que se ha apoderado de algunos poderosos gobernantes y políticos, no ha afectado a las ganas de divertirse de la gente, porque el hombre sigue siendo un animal social, y esto a pesar de la IA, manipulaciones, falsas noticias, algoritmos controladores o negacionismos científicos; sigue siendo una verdad indubitable. El onanismo jamás podrá sustituir al gozo compartido.

En plazas y calles de aquella ciudad sigue habiendo muchos niños y niñas jugando con una pelota o al pilla pilla, intercambiando cromos o simplemente corriendo, y aun no siendo las fiestas mayores, la gente se juntaba compartiendo copas y pinchos en una demostración de sociedad transversal que convive. Recordé que en nuestra tierra tenemos el popular (y cuasi sagrado) “esmorzar”, aunque aquello es otra cosa. Ciudades y pueblos donde la picaeta, antes de comer o antes de cenar es habitual, compartiendo con los amigos viandas regadas con buenos líquidos.

Aun así cada día observo calles y plazas más vacías de gente del lugar que se unen simplemente por disfrutar, no para comprar o turistear. No tenemos tiempo de sociabilizar. El dinero (el mejor invento del demonio) es una gran causa de conflictos y aislamientos, que es necesario para comer porqué así nos lo han impuesto, pero ni alimenta, ni cura, ni acompaña. ¡No nos dejemos manipular por él!

Que los niños y niñas estén formados y preparados para los retos del futuro es necesario, pero que sean niños y no meras pantallas liquidas también. Los adultos debemos conseguir que algunas actividades dejen de ser puntuales y se conviertan en habituales. Una buena conversación sigue siendo oro. En nuestra sociedad existen muchos clubs, casals, comparses, cofradies, etc. en los que la gente ríe y comparte…pero solo en ciertas fechas.

Hasta no hace mucho, no nos era difícil (ni debería serlo), organizar una fiesta, paella o torrà aunque fuéramos mucha gente. Celebrábamos muchísimas más cosas que ahora, y no es porque de repente nos hallamos estreñido y se nos ha agriado el carácter, sino porque desde hace tiempo nos están bombardeando para que lo normal sea ser solitario y en consecuencia insolidario. Aislan al individuo destruyendo los anclajes sociales para que sea más fácil manipularlo según intereses espurios.

Debemos defendernos y romper esa estrategia de aislar al individuo, restaurando la sociabilidad de las personas que nunca debió perderse. Hombres y mujeres cada cual como quiera definirse. Sin caer en trampas que esconden fines distintos a la libertad, que recordémoslo, viene de la verdad. Todos somos necesario para la comunidad, pero por encima de cualquier sociedad concreta, está la humanidad en su conjunto y en ella estamos integrados todos a pesar de que a alguien no le guste. Acompañados evitaremos las celadas que algunos locos tecnócratas han escondido en el camino. Rechacemos la esclavitud técnica afirmando la libertad humana.

Nada hay más bonito que desde la paz amar, disfrutar y vivir con los demás. Dejemos que aquella pareja de adolescentes (que todos fuimos) se amen, en los discretos rincones del botánico o en sus cálidos invernaderos tropicales, entre fragantes flores de esta preciosa primavera, sumergidos en la brillante mirada de unos ojos adorados, mientras se muerden los labios ajenos ahogando los de gritos de su pasión expresada desde su fresca e inconsciente personalidad para llegar al cielo de los amantes sin que les descubra nadie. ¡No a la guerra, Dios no la quiere!

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