Opinión
El delta verde, el último pago de la Fórmula 1

Recreación de cómo quedará la zona con el nuevo PAI del Grau.
El PAI de El Grau es uno de esos proyectos, a través de los cuales se puede explicar cómo una ciudad puede afrontar los retos, muy especialmente los derivados de los efectos del cambio climático, cómo han de construirse las ciudades que aspiran a liderar el futuro, que no se conforman con transitar hacia él.
El gran delta verde era, sin duda, el elemento articulador de la propuesta del Partido Socialista. Actuaba como un extraordinario refugio climático que resolvía a la vez la transición de la ciudad con el antiguo cauce —la penetración del cauce histórico en la ciudad construida— y los problemas relacionados con el aumento de temperaturas. Por el contrario, el PP de Catalá ha decidido eliminar el delta verde, el gran espacio libre de contaminación y de coches. Porque lo que propone es, simplemente, un jardín entre rascacielos por donde, además, puedan circular los coches.
El objetivo del proyecto era liberar de edificaciones la mayor cantidad posible de suelo para posibilitar un gran pulmón verde para la ciudadanía, que redujese la contaminación. Para ello, nuestra propuesta agrupaba los edificios en las avenidas existentes. Sin embargo, la rancia obsesión del PP por llenar la ciudad de hormigón ha acabado por dinamitar el propósito original de aquel gran parque urbano. El plan de Catalá condena esa gran zona verde, diseminando los edificios y reduciéndola a pequeñas zonas ajardinadas en aquellos espacios libres entre piscinas privadas, pistas de pádel y asfalto.
Ninguna actuación urbanística puede hacerse de espaldas a la situación actual de la vivienda. Desde el Partido Socialista, proponemos que los nuevos desarrollos incorporen un 60 % de vivienda protegida para mejorar el acceso a la vivienda de las familias valencianas, que no pueden pagar alquileres de 1.700 euros al mes o comprar a 3.300 euros por m2. Es urgente que construyamos vivienda para las familias, que se invierta con mirada larga en un sólido parque público de vivienda. El PP plantea un exiguo 15 % de vivienda protegida y rebaja de 400 a 250 las viviendas públicas dotacionales, convirtiendo una oportunidad para las familias en un negocio y en especulación. Catalá ha decidido que los problemas de vivienda en València no van con ella y que no quiere formar parte de la solución, lo que la convierte indefectiblemente en parte del problema.

Diseño del nuevo PAI del Grau. / R.L.V.
Los problemas actuales no se solucionan con recetas del pasado, y eso es lo único que sabe hacer Catalá. Por eso, también ha eliminado el otro elemento cargado de simbolismo: la conversión del trazado de la Fórmula 1 en un circuito biosaludable para las personas. El proyecto del Partido Socialista permitía curar, por fin, una cicatriz dolorosa que simbolizaba la corrupción de la época más oscura del PP, la que se llevó por delante la reputación, la imagen y los recursos de nuestra tierra. Y ahora, en su propuesta, Catalá vuelve a reivindicar el circuito ruinoso en forma de gran avenida, mucho asfalto y muchas rotondas, y nos deja claro que no dejará que el pueblo valenciano olvide y supere aquellos años de ignominia y vergüenza. Desenterrar el urbanismo de rotondas, con hasta cinco nuevas en apenas tres calles, muestra que Catalá mira a València con ojos del pasado.
En cierta forma, es comprensible que quien formó parte de aquel Consell que estafó a los valencianos y valencianas con la Fórmula 1 o la visita del Papa no reniegue de lo que hizo. La Fórmula 1 fue desde el principio una estafa al erario, una estafa que Catalá inició como consellera y piensa rematar ahora como alcaldesa. Prometió que el circuito de Fórmula 1 no costaría ni un euro a los valencianos y valencianas. Ahora nos quiere pasar una factura de 24 millones de euros y otra aún mayor, la renuncia al delta verde.
Tenemos que elegir entre un modelo de ciudad para que València lidere el futuro o un modelo de ciudad que condena a València a mirar al pasado. Entre proteger nuestro territorio y a nuestra gente o exponerlos todavía más. Cualquier persona que comprenda mínimamente la exposición del arco mediterráneo a los efectos del cambio climático sabe que, en realidad, no tenemos elección.
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