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Opinión | Bolos

Director de Levante-EMV

La factura de las amistades

La Audiencia Nacional investiga a Zapatero por una supuesta trama de tráfico de influencias, afectando a su reputación y a la del PSPV

José Luis Rodríguez Zapatero, en un video tras su imputación.

José Luis Rodríguez Zapatero, en un video tras su imputación. / Levante-EMV

Igual que siempre hay un empresario valenciano dispuesto a presidir el Real Madrid, no existe socialista autóctono sin presumir de amistad con Zapatero. De hecho, la historia reciente del PSPV resulta difícil de entender sin la influencia del expresidente. Fue él quien susurró a Ximo Puig el nombre de la consellera de Justicia del Botànic. También fue el ahora exdirigente socialista, imputado por una supuesta “red jerarquizada” de tráfico de influencias, quien ahondó en la división de la federación valenciana durante aquellas primarias entre Pedro Sánchez y Susana Díaz. Primero confundió a Puig y luego le ayudó a rectificar.

Con la presunción de inocencia por delante, las acusaciones contra Zapatero caen como otra bomba de racimo sobre un PSPV ya apesadumbrado por el caso Ábalos. Hay abundante hemeroteca y numerosas muestras de afecto entre cargos socialistas valencianos y el expresidente, y sus dos ministros actuales se consideran hijos políticos del zapaterismo.

Solo un dirigente del PSPV me advirtió siempre de que no todo era buenismo alrededor de José Luis Rodríguez Zapatero. Ahora felizmente retirado de la primera fila, era inevitable su mensaje de “te lo advertí” nada más conocerse que la Audiencia Nacional había enviado a la UDEF al despacho de Zapatero, a la empresa de sus hijas y a otras dos sociedades, todas en Madrid, dentro de la investigación del caso Plus Ultra. Más allá de la polémica jurídico-política que se avecina, la reputación del antiguo presidente ha quedado tocada para siempre.

Por si no bastara la conexión del pasado y del presente del PSPV con Zapatero, aparece además su amigo Julio Martínez, empresario de Elda y administrador de Análisis Relevante S.L., la consultora para la que trabajó como asesor el expresidente. Basta imaginar el estruendo que se habría organizado si el afectado hubiera sido un rival político. La incoherencia, tarde o temprano, siempre pasa factura.

Lo que sigue siendo un misterio es por qué no aparece un solo empresario dispuesto a presidir el Valencia, con Mestalla siempre lleno y a punto de inaugurar un nuevo estadio. Será que algunas ambiciones prefieren viajar a Madrid.

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