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Opinión | El falso nueve

Alberto Gil

Alberto Gil

Periodista

El no homenaje

Morales, en el partido ante el Betis en el Ciutat de València

Morales, en el partido ante el Betis en el Ciutat de València / Manuel Bruque / EFE

Cómo de importante es saber irse y cómo de trascendente es saber despedirse. Llega el final de temporada y entre lloros, nervios, quejidos, puñetazos en la mesa, manos a la cabeza, abrazos… se van cumpliendo los objetivos de la campaña o se reconfirman los fracasos. Y entre todos ellos se cuelan las despedidas a jugadores y/o entrenadores históricos de distintos clubes, de esos que, sin darte apenas cuenta, te han hecho consolidar tu amor por tus colores.

Y ahí llega el matiz. Incontrolable es la situación general del equipo/club con la que se llega a ese sprint final y luego está la personal de cada protagonista, totalmente condicionada por la anterior; y por ahí llegan las justicias y las injusticias.

Recuerdo del abuelo cebolleta: aquellas míticas despedidas en Mestalla a ídolos como Kempes, Arias o Quique. Delante de los suyos y repletas de cariño y reconocimiento.

Hoy en día los adioses aún se visten mejor. Pasillos de los tuyos y los rivales, tifos en la grada con tu rostro, imágenes de goles imposibles en el videomacador…Y acabamos de ver el "bye-bye", cada uno a su estilo, a Valverde en el Athletic, a Trejo en el Rayo, a Cazorla en el Oviedo o Griezmann en el Atlético. Se trata de apreciar a los profesionales por lo que han hecho en el césped durante tantos años, independientemente, y esa es la clave, del hoy y ahora. 

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Hay que aplaudir, soltar alguna lágrima y reconocer por encima de descensos, cambios en el banquillo más o menos obligados y finales de carreras para seguir compitiendo por ser campeón. Eso es lo que te otorga señorío, sensibilidad y orgullo.

Y todo esto para llegar a Morales. Entendiendo que el club le ofreció "hacer algo" el día del Mallorca, propuesta que no cuajó (esto es para otra reflexión) y dejando a un lado todo lo extradeportivo y decisiones controvertidas en la carrera del capitán, el final del Comandante en su casa no mereció ser tan triste, anodino e insensible,

"Morales, Morales"

Incidiendo en poner el foco en lo deportivo, se hubiera merecido otra despedida. En un futuro seguro que se valorará todo lo que ha hecho por su club hasta subirlo a todos los cielos ostentosos que otorgamos los periodistas. Pero el domingo se acercó solo al centro del campo, con las mejillas húmedas, su camiseta en el cuello, con solo dos de sus compañeros, Losada y Pablo, abrazándole y un improvisado pasillo de los recogepelotas animado por algunos "Morales, Morales" que ya no se escucharán jamás.

Es un caso muy significativo de saber marchar y aprender a despedir. Así es el fútbol, donde manda el presente y pronto se olvida, y hasta se ningunea el pasado. Esperemos al futuro, que seguro pondrá a cada uno donde le corresponde, sin necesidad de titulares pomposos y palabras grandilocuentes, como decía el mítico Supergarcía: "El tiempo es ese juez insobornable que quita y da razones". A esperar.

Pdt. Licencia personal. Ayer se despidió un amigo. Un nuevo "Ángel" en el cielo. Si allí juegan al fútbol que se pongan espinilleras.

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