Opinión | Bolos
La resistencia ya no basta
La imputación de Zapatero obliga al PSOE a algo más que cerrar filas en torno a Sánchez

El caso Zapatero sitúa al socialismo ante una crisis de credibilidad. / ChatGPT
Sánchez resistirá hasta que pueda. Ni un auto tan contundente contra José Luis Rodríguez Zapatero, primer expresidente del Gobierno citado como investigado, va a cambiar su paso. Hasta Feijóo sabe que ningún grupo de la actual mayoría parlamentaria firmará una moción de censura mientras Vox esté en la ecuación. Lo que veremos será un alejamiento del PNV, al estilo de Junts, que impedirá aprobar presupuestos; incluso está por ver que el Gobierno llegue a presentarlos, pese a las ganas que le pone el ministro Arcadi España.
La pregunta es si ese escenario de máxima crispación beneficia a alguien. Porque Zapatero es algo más que un expresidente. Es un referente del socialismo. La semana pasada aún pedía el voto para la candidata María Jesús Montero. Participa en actos de todo tipo en representación del PSOE, se exhibe como ejemplo de conquista de derechos sociales, ha intervenido en todas las batallas orgánicas y ha ejercido de prescriptor de muchos socialistas valencianos.
Quienes hemos defendido la ejemplaridad pública ante cualquier sospecha, con independencia de sus derivadas judiciales, cuando los señalados eran Zaplana, Guerra, Camps, Rajoy, Barberá o Ábalos, debemos exigir ahora lo mismo con Zapatero. La proximidad política del expresidente investigado con Sánchez reclama responsabilidades. Porque, con independencia de cómo se sustancien durante la instrucción del juez Luis Calama los indicios sobre una presunta organización dedicada al tráfico de influencias, el sofoco es evidente. Ha habido tanta decepción en las filas del PSOE durante los años del sanchismo que cada día que pase sin una salida democrática a este fin de ciclo hará más difícil la reconstrucción.
Ante una crisis de credibilidad tan clara y con tantos indicios judiciales, en cualquier país de nuestro entorno un primer ministro habría abierto ya el proceso interno de su sucesión para preservar la mayoría parlamentaria. Sería una sorpresa que Sánchez accediera a hacerlo. Pero lo más inexplicable es que ningún dirigente socialista lo reclame. Como también lo es que nadie se oponga a una estrategia de polarización que, además de dar alas al populismo, aleja al PSOE de la transversalidad de una sociedad que siempre quiere progresar. El compromiso democrático debe estar siempre por encima de la supervivencia política.
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