Opinión

Periodista
Un sueño que se inició en el milenio pasado

Luengo, en un partido de la Copa Saporta ante el Podgorica en 1998 / J.C.CARDENAS. / EFE
La Final Four marcará ya para siempre, pase lo que pase, un antes y un después en la historia del Valencia Basket. Esta temporada ha sido la del despegue taronja, la temporada en la que el Valencia Basket se ha consagrado entre los grandes. Pero ese camino se empezó a recorrer hace 40 años, los que cumple el club este 2026 y de los que, en treinta de ellos, he podido ser testigo como periodista.
El Roig Arena ha sido la gran palanca del crecimiento taronja, el gran motor que ha llevado al club, a la afición, a toda la sociedad valenciana a creérselo, a sentirse al fin partícipes de algo especial, a saber que los grandes ya no eran los otros, los de siempre... ahora el grande es el Valencia Basket.
Desde que se inauguró el Roig Arena, más aún, desde que se puso la primera piedra, la versión oficial que se ha contado y escrito hasta la saciedad es que, tras ganar el hasta ahora único título de la liga acb, aquel 16 de junio de 2017, cuando el Valencia Basket rubricó el 3-1 frente al Real Madrid, en aquella Fonteta abarrotada y que se había quedado pequeña, Juan Roig decidió hacer un nuevo pabellón. Pero los que llevamos muchos años cubriendo la información del Valencia Basket, los que hemos sido testigos de su crecimiento, sabemos que el sueño del Roig Arena se remonta a mucho antes, a décadas antes, al siglo pasado, al milenio pasado.
Durante varios años viajé con el Valencia Basket cubriendo aquellas primeras incursiones europeas de los taronja (que ni siquiera eran aún taronja, sino blanqui-rojos). Eran los tiempos de aquella entrañable Copa Saporta con la que el Pamesa Valencia recorrió toda Europa jugando en ciudades que, muchas veces oíamos por primera vez, en todo tipo de pabellones. Eran viajes largos, de conexiones interminables, había que hacer varias escalas en distintos aeropuertos, luego coger un autobús... Y la prensa, por aquel entonces, viajaba con el equipo, formábamos parte de la expedición. Compartíamos hotel, avión, autobús... el ya por entonces delegado, Alfonso Castilla (jovencísimo) llevaba también los pasaportes de los periodistas, los visados... En fin, éramos parte del equipo, incluso comíamos junto a los jugadores (¡y lo mismo que ellos!), nos ponían en una mesa junto a la del equipo. Ahora sería algo impensable, inaudito. Pero eran otros tiempos.
El sueño de un pabellón NBA
Pues bien, a algunos de aquellos viajes, a los más importantes o en los que se visitaba ciudades más destacadas, iba también Juan Roig junto a la directiva, Vicente Solá, Paco Raga, Miguel Burdeos... Cuando esto sucedía, el club (en fin, Juan Roig) a veces nos invitaba a cenar a los periodistas que viajábamos con el equipo. Gastronómicamente siempre merecía la pena pero sin duda, lo mejor era la tertulia posterior. En una de aquellas cenas, Roig nos reveló su gran proyecto. Era aún la Era Vukovic, en el paleolítico de la historia del club. En esos momentos llenar la Fonteta era una quimera, sólo se lograba cuando nos visitaba el Real Madrid o el Barça, En aquel contexto Juan Roig nos contó que algún día construiría en Valencia un gran pabellón al estilo NBA con capacidad para 15.000 personas ¿les suena?. Seguramente no lo verbalizó pero también soñaba ya con un Pamesa Valencia (Valencia Basket) campeón de la Copa de Europa (Euroliga).
Miro hacia atrás y veo el presente y me siento (de verdad), orgullosa de todo lo que está logrando este club, me emociona pensar en aquellos años y en todos lo que vinieron después. Y lo mejor, está por llegar. El Valencia Basket ya está en el Olimpo del baloncesto. Ahora hay que conquistar Atenas.
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