Opinión | Bolos
Una huelga sin inteligencia práctica
La oferta del Consell es sustancial, pero la falta de interlocución ha enquistado un conflicto que exige más gestión que orgullo

"El Consell siempre debe tener capacidad negociadora". / ChatGPT
Cuando Unai Emery estaba en el banquillo de Mestalla, una vez le llamé pusilánime. Desde entonces llevo la penitencia en el pecado, aunque me acompañaran miles de aficionados que también cuestionaban al técnico guipuzcoano pese a que, en tres de las cuatro temporadas que dirigió al Valencia, dejó al equipo en puestos de Champions. Emery levantó este miércoles su quinta Europa League mientras la hinchada blanquinegra cierra otra campaña con más pena que gloria. Cosas del fútbol.
Emery, además de un preparador consolidado, es un buen tipo. Pese a mi falta de tino al adjetivarlo hace años —a la vista queda su éxito en los grandes retos balompédicos—, nunca me lo tuvo en cuenta. Es más, con el tiempo acabamos tomándonos aquello con guasa. Quizá porque desde entonces él ha cambiado el regate corto por un juego más ancho por las bandas, mientras uno sigue esquivando el éxito, sobre todo el futbolístico.
Aquel desliz periodístico viene a cuento por la huelga docente, que acaba su segunda semana sin visos de solución. Sigo sin entender cómo, pese a la mejor oferta del Consell en los últimos años, todos los sindicatos se mantienen en contra de firmar el acuerdo. Solo encuentro una explicación: la falta de interlocución de la consellera Carmen Ortí y de su equipo, que además de no ver venir el malestar acumulado, faltaron en un primer momento al respeto y a la inteligencia de los representantes sindicales del sector.
Ortí ha hecho desde el principio casi todo lo contrario de lo que recomienda cualquier manual de resolución de conflictos, y seguramente el factor humano ha complicado la salida. Eso, siendo importante, no debería pesar más que las mejoras sustanciales ofrecidas por su conselleria, como reconoce cualquier docente, esté sindicado o no. La clave ahora es cómo salir del callejón sin que nadie tenga que exhibir una derrota. Y ahí ganará la parte que sea más pragmática.
No cometeré con Ortí el error que cometí con Emery. Lo único que cabe pedirle al Consell es capacidad negociadora, inteligencia política y utilidad práctica para que la huelga indefinida de maestros y profesores no escale otra semana.
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