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Opinión | Bombeja Agustinet!

Prudencia y “trellat”

Jugadores y cuerpo técnico del Levante UD celebran un gol ante el Mallorca frente a su afición

Jugadores y cuerpo técnico del Levante UD celebran un gol ante el Mallorca frente a su afición / Francisco Calabuig

Los que no creían predican ahora por ahí que nadie creía. Pero yo sí que creía. Y como yo, otros. Un respeto para los creyentes. Hay que creer siempre. Como modus vivendi. También creí con Alessio, también parecía imposible. Y al final bajamos. No nos llegó. Por poco. En el deporte (y en la vida) a veces lo das todo y las cosas no salen, pero tener fe e intentarlo debería ser innegociable. Más aún, cuando en el mundo del balón hemos visto tantas cosas. Es además nuestro ADN. La historia del Llevant –y que haya pervivido doce décadas– es inverosímil. Y sin embargo, este sentimiento es inmortal.

Creí sobre todo desde que se destituyó a Calero, claro. Con él parecía imposible. Se vio desde el principio. Su faceta de motivador no fue suficiente. De hecho, creí a pesar de que el Llevant tardó demasiado en tomar la decisión. Dolorosa, claro. Siempre lo es. Más aún si el tipo había sido capaz de devolver la ilusión al levantinismo. Al César lo que es del César. Pero perdimos un tiempo precioso.

Y con la transición de Del Moral e Iborra, y después con su ayuda inestimable y la de Héctor Rodas y Gila, Luís Castro lideró una resurrección inolvidable.

Ahora, el que creía cuando pocos lo hacían, viene a exigir prudencia y “trellat”. A recordar el yunque, Écija, Villalibre y tantos otros episodios de nuestra historia en que todo se torció cuando lo tocábamos con la punta de los dedos.

Es una jornada unificada llena de cábalas y el Betis no regalará nada. Aunque parte de su afición simpatice con la causa granota de esta remontada histórica, ni Pellegrini ni el equipazo que dirige van a dejarse llevar. Por prestigio y para que nadie les señale. Es lo normal y lo deseable, por otra parte. Lo vergonzoso es lo de Marcelino, lo de Simeone, lo de Matarazzo. ¿Quién les dio permiso para que los equipos que dirigen desvirtuaran la competición y la ensuciaran de la manera en que lo han hecho?

Es el partido más importante del año, una final que el Llevant debe encarar desde el primer minuto con la intensidad de ser consciente de lo que nos ha costado llegar hasta aquí. Nos jugamos la viabilidad del club. Nos jugamos volver a las tinieblas de Segunda, a una economía asfixiante. Nos jugamos impagos. Y tener que malvender. En 90 minutos. Nos jugamos también, si ganamos, permanecer en la élite, resucitar, con Los Secretos, y poner las bases sólidas para el futuro.

Solo tenemos un 6% de probabilidades de descender, dicen. Pero eso son matemáticas. Las mismas que nos condenaban hace unas semanas. Que nadie se deje engañar: el fútbol dice otra cosa. El fútbol dice que entraría dentro de lo normal que el Girona ganara al Elche y que Osasuna puntuara en Getafe. Que no sería descabellado que el Betis se pusiera 2-0 en el 15’, si el Llevant salta a la Cartuja creyendo que está hecho. En ese escenario, el Mallorca (que necesita que puntuemos) podría verse en Segunda y tirar la toalla, con Son Moix estallando en una pañolada. Y de repente todas las probabilidades darían un vuelco, como nuestros corazones.

Así que prudencia

Y coneixement, sacrificio, trellat, esfuerzo, compromiso, determinación, fe, esperanza, lucha. En clave blaugrana. Es nuestra final. Por una salvación que sabe a ascenso y a supervivencia. Hay que ganar. Celebrarlo en el césped. Que la tierra andaluza en que ascendimos en 2004, nos vea firmar la permanencia más épica de la historia.

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