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Opinión

València

Corrupciones y corruptelas

Aquí no se trata de presunción de inocencia, como dicen portavoces cualificados. Se trata de que nadie puede estar en misa y repicando, en medio de negocios confusos y siendo el portavoz moral de la izquierda española

El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero

El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero / Eduardo Parra - Europa Press - Archivo

Mientras los columnistas del New York Times titulan que Trump está llevando al país a un sitio en el que nunca había estado antes, nosotros también caminamos hacia tierra incógnita. Por diversos motivos. Dedicar 1.800 millones de dólares para defender a los asaltantes del Congreso en el infausto día de Reyes de 2021 no es sino poner el dinero de los contribuyentes al servicio de aquellos desarrapados golpistas. Como dice Noah Schafman en su artículo del jueves “No hay arco de triunfo suficientemente alto ni salón de baile suficientemente dorado para ocultar la montaña de corrupción que Trump está construyendo”. Al final, lo caracteriza como un cleptócrata que solo será recordado por su codicia.

La paradoja con nuestro caso es que, con un cinismo que sobrecoge, los aliados españoles de este presidente, que usa su puesto para enriquecer a toda su familia, están dispuestos a usar la imputación del caso Zapatero como si implicara la corrupción de todo un gobierno y de todo un sistema. Silencian la corrupción mayúscula, estructural de su señor y socio, realizada a la luz del día, ante el escándalo de la conciencia democrática de la tierra entera, y ponen el grito en el cielo ante una imputación preliminar de una corruptela con tantas huellas como solo podría llevarla a cabo alguien todavía concernido por la buena conciencia.

Lo mejor que podemos decir de esta imputación es que la judicatura de la Audiencia Nacional protege el derecho. Por tanto, nada de sistema corrupto. No sabemos si Zapatero será culpable o no. Sabemos que el auto es meticuloso, aunque pueda sonar extremadamente duro en algunas afirmaciones. Por supuesto, aquí no se trata de presunción de inocencia, como dicen portavoces cualificados. Se trata de que nadie puede estar en misa y repicando, en medio de negocios confusos y siendo el portavoz moral de la izquierda española. Pepín Blanco se dedicó a ellos inmediatamente, pero no pretendía ser el nuevo Pablo Iglesias. La figura política de Zapatero, sea culpable, inocente, ha estallado por los aires. Y si Sánchez solo tenía su soporte, entonces es que tenía bien poca cosa.

La familia, en estos contextos de negocios, no es un valor de la izquierda

Zapatero debió quedarse en su puesto de consejero de Estado, una posición muy digna. O hacer negocios con dinero privado, como Aznar y González. Los políticos de izquierda deben saber que ante la más mínima zona de sombra -y todos los negocios la tienen- será mirados hasta las entrañas. No es lawfare. Es una regla muy vieja. Se trata de poder social, que no se debe confundir jamás con el poder político. Un político de izquierdas no tiene recursos para protegerse de sus enemigos sociales. Así que deberían asumir de entrada que el ejercicio del poder no les puede ofrecer más que el apreciable estatuto de clase de media, que no es poco. Comparados con los intereses en medio de los que van a actuar, siempre serán pobres. La cosa es así. Respecto de los hijos, que se busquen la vida. La familia, en estos contextos de negocios, no es un valor de la izquierda.

El daño que se hace a un país entero con estos casos no puede medirse y la responsabilidad política es de una magnitud extrema. La corruptela de medio millón de euros va a abrir el camino para que la corrupción sistémica de un ideario cuyo motor es la codicia, como vemos en la Comunidad de Madrid. La corrupción que lleve a cabo la izquierda no será perdonada hasta el último euro, pero abrirá la puerta a la unificación corrupta por esencia de poder social y poder político, como hoy vemos en USA. Un desliz en medio de un mundo confuso de informes y facturas, se pruebe o no, cubrirá las desmantelamiento del sistema de servicios públicos a favor de empresas privadas.

Cómo Sánchez pueda sobrevivir a esto es un misterio, pero por lo que vemos en los portavoces del PSOE, no será de los gozosos. Comparado con las componendas de mi paisano Montoro Romero o con la trama de la Kitchen o la Gurtel, lo de Zapatero es una filfa, cierto, pero tal y como están las cosas puede costar muy cara para la evolución política democrática de este país. En todo caso, ya no funciona el miedo al gobierno PP-VOX. Ese argumento hace mucho tiempo que no se debió usar. Ahora menos. Estamos como el condenado en el corredor de la muerte a quien ya se le fijado el día del garrote. Él tiene derecho a creer en los milagros. Los que le sobrevivan no verán consuelo en eso.

La democracia española va ser puesta a prueba, pero quizá a la contra lo hagamos mejor

Sabemos que Feijoó llegará al poder no por méritos propios, sino por errores como estos de Zapatero. Y sabemos que no es el tipo capaz de parar a Vox y su agenda. Tan pronto como la política antiemigración propia de la prioridad nacional se ponga en marcha, empezarán a venir por aquí los que venden sistemas de control de la población, porque esa política está diseñada para forjar la sociedad en la que ese control sea verosímil. Entonces tendrán carta de legitimidad las políticas racistas y supremacistas, cuya escalada es muy difícil de prever. Primero serán los negros y los islamistas. Pero escalada habrá, porque esta agenda vive de ella.

Lo que quede de coraje y de inteligencia en este país sabe que tiene que pensar en el día después del gobierno Feijoó. Antes de esto, hay que mantener el tipo, como hizo Arcadi España en 24 horas, sin grandilocuencias a destiempo. El juego va a ir muy en serio, porque la democracia española va ser puesta a prueba. Pero quizá a la contra lo hagamos mejor.

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