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Opinión | Bolos

Director de Levante-EMV

¿Alguien se imagina a Puig no negociando con los docentes?

La huelga educativa interpela ya directamente a Pérez Llorca, que debe liderar la negociación para cerrar el conflicto con un acuerdo

Una docente, en la protesta de este viernes, con un rosco que resume las reivindicaciones del sector.

Una docente, en la protesta de este viernes, con un rosco que resume las reivindicaciones del sector. / Miguel Angel Montesinos

Hay frases que atraviesan la selva de eslóganes y permanecen durante un tiempo. Como aquella de Ábalos —“Soy feminista porque soy socialista”—, la de Aznar —“El que pueda hacer, que haga”— o la de Sánchez a Rajoy en la moción de censura: “Dimita, hoy, aquí y ahora, y todo terminará”. A José Luis Rodríguez Zapatero le persiguió durante años aquella sentencia de que “lo de la crisis es opinable”. El socialista valenciano más próximo a ZP, Arcadi España, deja ahora en la entrevista para Prensa Ibérica una frase llamada a marcar los próximos días en la Comunitat Valenciana, en pleno conflicto educativo, que este lunes entra en su tercera semana de huelga: “¿Alguien se imagina a Puig no liderando la negociación?”. El ministro que todavía reivindica a Zapatero atina en el centro de la diana del Consell.

Ni España, ni los sindicatos, ni los docentes, ni las familias, y mucho menos buena parte de los cargos públicos del PPCV, entienden por qué Pérez Llorca no se ha reunido todavía con la comunidad educativa. Es más, alguien cercano al president, y que no sea amigo del cargo, debería advertirle de que las redes son tan tóxicas que a veces se convierten en un bumerán. Está bien que el jefe del Consell atienda en la puerta de las Corts a un grupo de huelguistas y les diga que, si la protesta persiste, algo se está haciendo mal por ambas partes: su gobierno y los sindicatos. Pero después no puede limitarse a seguir con su agenda y celebrar el meritorio ascenso a Segunda División del Club Deportivo Eldense.

Si no disponía de suficiente información sobre la crisis del sector —que no es el caso—, en los escasos metros que separan las Corts del Palau, Llorca tuvo muestras del gran malestar existente en la educación pública que gestiona. Una vez en su despacho, debió convocar a los representantes del sector y no levantarse de la mesa hasta alcanzar un acuerdo. Porque el problema ya no está en la oferta del Consell, sin duda la mejor de los últimos años, como reconocen todos los sindicatos. La cuestión es la interlocución con la consellera Carmen Ortí; es decir, la falta de credibilidad desde el primer día y la desconfianza sobre el cumplimiento de lo negociado.

Si alguien en el Palau pretende, como parece, que el paso de los días desinfle la protesta por el desgaste de los huelguistas, desconoce el trasfondo de un malestar profundo en el sector

Ninguno de los planes previstos por el Palau se ha cumplido. La unidad sindical de las cinco organizaciones del sector se mantiene intacta y no se detecta desgaste entre los huelguistas pese a la merma en sus nóminas. Al contrario, el conflicto ha escalado con la dimisión de equipos directivos, continúa el respaldo de las asociaciones de madres y padres, y persiste una notable presencia en las protestas callejeras. Por eso, si alguien pretende, como parece, que el paso de los días desinfle la huelga, desconoce el trasfondo de un malestar profundo. El sindicato mayoritario, el que marca el ritmo, es experto en activismo y, sin acuerdo, preparará un inicio del próximo curso muy caliente.

Llorca puede aplicar a Ortí la mencionada frase de Sánchez en la moción de censura o ejercer plenamente el cargo para resolver el conflicto. La mejor estrategia es utilizar con inteligencia la experiencia.

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