Opinión
Roig se merece una Euroliga
En una época de inversores efímeros, Juan Roig ha invertido recursos, tiempo e ilusión en construir un proyecto que ya pertenece a todos los valencianistas.

Juan Roig desde su butaca a pie de pista en La Fonteta / K. Forsterling
No hay hijo —salvo contadas excepciones— que no sienta gratitud hacia sus padres por el simple hecho de haberle dado la vida. Ese mismo sentimiento es el que une a la afición del Valencia Basket con Juan Roig. Porque el empresario valenciano no solo es el mecenas del club; ha sido el arquitecto silencioso de su crecimiento, el sostén constante en los momentos de dificultad y la figura que convirtió un sueño modesto en una realidad admirada en toda Europa.
Recuerdo perfectamente la primera vez que asistí a una Junta de Accionistas del club. Han pasado más de veinte años, quizá algunos más. Fue antes de un partido y apenas duró diez minutos. Allí se explicó con naturalidad que Juan Roig era quien aportaba el dinero necesario para equilibrar las cuentas. No fue algo puntual. Aquel gesto se repetiría temporada tras temporada, año tras año, siempre lejos de los focos y sin necesidad de reconocimiento público. Mientras otros prometían, él cumplía. Mientras muchos buscaban protagonismo, él garantizaba estabilidad.

Juan Roig en la inauguracion de la nueva tienda de Valencia Basket en el Roig Arena con la presencia del director general de Valencia Basket, Enric Carbonell, así como de la responsable de negocio de nuestro Club, Merche Añón, y el presidente de hummel, José García, acompañados por los jugadores de las plantillas profesionales taronja Queralt Casas y Nate Reuvers. También fue Juan Roig / Germán Caballero
Sin embargo, reducir la figura de Roig a una mera aportación económica sería injusto. Su implicación siempre fue mucho más allá. A diferencia de los dirigentes que observan el deporte desde el palco, él lo vive como un aficionado, casi a pie de pista para con una mirada transmitir calma en las derrotas o ambición en las victorias.
Como buen empresario, Roig siempre entendió que el crecimiento solo es posible cuando se piensa en grande. Lo hizo en el mundo empresarial, transformando una carnicería en el todopoderoso Mercadona. Y aplicó esa misma visión al baloncesto. Profesionalizó estructuras, apostó por los mejores profesionales, dotó al club de estabilidad y creó una 'cultura del esfuerzo' capaz de mirar de frente a gigantes europeos con presupuestos superiores. Lo hizo, además, desde una discreción casi obsesiva.
Su legado trasciende lo deportivo. El Roig Arena no es únicamente una infraestructura deportiva de primer nivel. Es un espacio moderno que sitúa a València entre las grandes capitales europeas de la cultura. No hay artista que no destaque su acústica ni visitante que no quede impresionado por una obra concebida para durar décadas.
En una época en la que el deporte se ha llenado de inversores efímeros, él ha invertido recursos, tiempo, ilusión y prestigio personal en construir algo que ya nos pertenece a todos. Por eso, si alguien se ha ganado el derecho a ver al Valencia Basket campeón de Europa, ese es Juan Roig.
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