Opinión | Bolos
Enredos que acaban en corrupciones
El uso de la proximidad al poder, el 'enchufismo', para asegurar la inserción laboral de familiares es una corruptela

“Respecto de los hijos, que se busquen la vida". / ChatGPT
¿En qué Conselleria trabaja tu hijo? Esa pregunta formaba parte de las conversaciones preliminares en las agrupaciones socialistas. Era una forma de calibrar la influencia de los dirigentes locales. Cuanto mejor colocados estaban los vástagos, más poder se les atribuía. Aunque siempre resulta injusto generalizar, no es ningún secreto que, para construir la maquinaria autonómica, se recurrió, en buena medida, a los más próximos al autogobierno. Hasta Eduardo Zaplana no se manifestó en su esplendor la vocación autonomista del PPCV, quince años después de la puesta en marcha de la institución. Y aquel retraso no tardó en cobrarse con creces: se superaron las máximas cotas de enchufismo en empresas públicas, como la extinta Canal 9, y también en ayuntamientos y diputaciones.
La fórmula para consolidar una plaza pública comenzaba a menudo con contratos de prestación de servicios externos. Esa modalidad llenó relaciones de puestos de trabajo, pero como aquellos empleos tenían caducidad, a la mayoría se le buscó continuidad laboral mediante empresas instrumentales, como la conocida Imelsa de la Diputación de Valencia, o a través de nombramientos como funcionarios interinos. Después llegó la famosa Ley Iceta de 2022, impulsada por la obligación de adaptar las administraciones a las exigencias europeas para reducir la temporalidad. Y así, lo provisional terminó convertido, en muchos casos, en una carrera hasta la jubilación.
Todo padre y toda madre quieren lo mejor para sus hijos, y harán lo posible por facilitarles la inserción laboral. Seguro que las hijas de Zapatero tienen más oportunidades que las del concejal de Benifotrem. Pero, como escribió aquí José Luis Villacañas, los políticos deberían asumir que el ejercicio del poder no puede ofrecerles más que el apreciable estatuto de clase media, que, tal como estamos, ya es mucho. Y remataba con un zasca al coloso en llamas de ZP: “Respecto de los hijos, que se busquen la vida. La familia, en estos contextos de negocios, no es un valor de la izquierda”.
Seguro que Villacañas encontraría tiempo para explicarlo en alguna Escola d’Estiu del PSPV.
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