Opinión
A quienes avivan la hoguera

La concejala de Educación y Familia de Vox, Mari Ángeles Lerma, presenta la charla. / Levante-EMV
Tuve una amiga durante la adolescencia que se quedó embarazada. Pertenecía a una familia adinerada y bastante conservadora, de esas en las que el aborto no estaba bien visto. Lógicamente, mi amiga estaba desesperada: ni deseaba ser madre ni esperaba apoyo por parte de los suyos. Pero, sorprendentemente, el asunto se resolvió de forma rápida tras hablar con sus padres: una cita exprés con un ginecólogo privado, amigo de la familia, y problema resuelto. Aquel episodio de doble moral se me quedó grabado. La memoria me lleva a él cada vez que leo o escucho alguna iniciativa trasnochada contra el derecho de las mujeres a interrumpir voluntariamente un embarazo.
Me ha ocurrido ahora con las noticias que llegan desde Torrent: mupis 'a favor de la vida' y charlas antiabortistas con el aliento del gobierno municipal PP-Vox encabezado por la alcaldesa Amparo Folgado.
Contaba Ada Dasí en las páginas de este periódico que la charla, organizada por Red Madre en la mismísima Casa de la Dona y presentada por una concejala de Vox, se convirtió en un espacio de señalamiento e intimidación. Allí se soltaron perlas como que quienes interrumpen su embarazo arrastran traumas severos. Para estas señoras pías, de misa de domingo y escarcha en el alma —de esas hay incluso ilustres en esta Comunitat—, las mujeres que abortan se convierten automáticamente en promiscuas. Y yo pienso cuántas de ellas actuarían como los progenitores de mi amiga si tuvieran el problema en casa: condena pública, solución privada y silencio familiar.
Simone de Beauvoir explicó que el patriarcado no se sostiene solo por la fuerza de los hombres, sino también por la aceptación, la comodidad o la complicidad de algunas mujeres que asumen como propio el orden que las subordina. Beauvoir comprendía que muchas mujeres no podían elegir de verdad: habían sido educadas para obedecer, socializadas para no desear demasiado, empujadas a confundirse con el destino que les habían asignado.
Pero las mujeres del siglo XXI que todavía hoy se revuelven contra los derechos de otras mujeres sí tienen en sus manos elegir. Afortunadamente, contamos con un marco normativo que ampara los derechos reproductivos. Y pese a todos los déficits que aún persisten en el sistema público de salud cuando una mujer decide abortar, la moralina antiaborto ha ido perdiendo peso.
Por eso, hoy la elección para esas señoras es mucho más sencilla: seguir siendo inquisición o apagar de una vez por todas la hoguera.
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