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Opinión

València

Entre el ninguneo y la parálisis

La política cultural valenciana necesita recuperar la ilusión y para ello Carmen Ortí debe dar un paso adelante

La política cultural necesita 'Alegria'

La política cultural necesita 'Alegria' / JM LOPEZ

Mientras el foco mediático se concentra en la huelga de profesores que desde hace tres semanas erosiona la imagen pública de la Carmen Ortí, la Cultura le recrimina a su también consellera que está obligada a ocuparse de ella y no convertirla en un escenario secundario, casi invisible, dentro de las prioridades del Consell. Porque salió Rovira y los conflictos culturales siguen ahí, enquistados, creciendo en silencio. ¿Fue un espejismo su aterrizaje? Cada vez son más los colectivos que alzan su voz -artes escénicas, quizás son los más combativos- para denunciar el «ninguneo institucional» al que están sometidos y la «parálisis cultural» en la que estamos inversos. En privado no son los únicos y, después de los presupuestos presentados ayer, que se ate los machos. Quizás a Ortí, lo único que le consuele, es que al otro lado, en la Diputació de València tampoco están mejor. El MuVIM vuelve a demostrarlo.

El museo de la Diputación vive instalado en una crisis permanente. Cuando parecía abrirse una etapa de cierta estabilidad con el nombramiento de Gimilio como director, una nueva tormenta amenaza con devolverlo al punto de partida. Rafael Gil, uno de los candidatos que aspiraban al cargo, ha decidido recurrir el proceso de selección y poner en duda su limpieza. El resultado es el de siempre: sospechas, ruido político y la sensación de que cualquier intento de normalización cultural acaba atrapado en un laberinto burocrático y partidista.

No es el único problema. La Institució Alfons el Magnànim continúa, casi un año después, sin dirección estable. Un vacío difícil de justificar en una institución clave para la producción intelectual y editorial valenciana. La interinidad se ha convertido en costumbre, y la costumbre en resignación. Lo preocupante es que ya nadie parece escandalizarse.

Quizá lo que necesita la política cultural valenciana es algo parecido a la magia de ‘Alegría’, el espectáculo del Cirque du Soleil que se ha instado este mes en València: recuperar la ilusión colectiva, el sentido del asombro y la capacidad de construir belleza incluso en medio del caos. Porque hoy nuestras instituciones culturales parecen más un número de equilibrismo sin red que un proyecto sólido de futuro.

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