Opinión
La advertencia climática y el turismo
La Comunitat Valenciana debe adaptarse a un escenario de más calor, noches tropicales y fenómenos extremos

Playa de la Malva-rosa, el sábado / Miguel Angel Montesinos
La Comunitat Valenciana afronta un cambio climático que ya tiene efectos medibles. Mayo se ha cerrado con temperaturas propias de julio en varios puntos del territorio. Se han superado los 35 grados en zonas del prelitoral, València ha rebasado los 30 grados por primera vez este año y Castelló y València han registrado la primera noche tropical de 2026. La temperatura superficial del mar también ha alcanzado valores inéditos para estas fechas.
Estos datos confirman la tendencia de que el verano térmico se adelanta, las olas de calor empiezan antes y las noches cálidas son más frecuentes. Aemet y el Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo (CEAM) coinciden desde hace tiempo en que nuestro litoral está expuesto a fenómenos más intensos y repetidos.
El cambio climático afecta a la salud, al transporte, al consumo de energía, al agua, al espacio público y a la actividad económica. En la Comunitat Valenciana afecta, además, a su primera industria, el turismo. Si aumentan los episodios meteorológicos intensos, los destinos deberán adaptar horarios, infraestructuras y servicios. La competitividad ya no dependerá solo de la oferta hotelera, gastronómica o cultural. También dependerá de la capacidad para garantizar transporte público, sombra, confort térmico, limpieza, accesibilidad, seguridad y respuesta ante emergencias.
El documento final del Consejo Local de València del III Foro del Mediterráneo de Prensa Ibérica sitúa la movilidad y el cambio climático como dos asuntos conectados. El informe señala que València y su área metropolitana tienen un problema de gobernanza, inversión y coordinación. También advierte de la dependencia del vehículo privado, de las carencias del transporte público metropolitano y de la necesidad de adaptar las infraestructuras al cambio climático.

Una mujer toma una foto de un termómetro que marca 44 ºC. / J. M. López
Esta cuestión afecta directamente al turismo. Una movilidad deficiente perjudica a residentes, trabajadores y visitantes. Si los trabajadores de la hostelería, el comercio, la limpieza, la sanidad o la logística no tienen transporte adecuado, el sistema turístico pierde eficiencia. Si el aeropuerto, el puerto, las estaciones, las playas, los barrios y los municipios del área metropolitana no están bien conectados, el destino funciona peor. Si el transporte público no cubre horarios laborales reales, especialmente en servicios nocturnos y de primera hora, reduce la competitividad del sector.
València no puede resolver sola los problemas de movilidad, vivienda, agua, energía, litoral y turismo. La conurbación concentra población, empleo, desplazamientos diarios y visitantes. Por eso hacen falta una autoridad metropolitana con competencias reales, inversiones plurianuales y coordinación entre administraciones.
Las prioridades siguen siendo reforzar cercanías, metro, tranvía y autobuses metropolitanos; mejorar la conexión con polígonos, playas y zonas de empleo; completar redes ciclistas seguras; ampliar la sombra y la vegetación urbana; adaptar paradas, estaciones y espacios públicos al calor; proteger el litoral; reducir emisiones; y preparar protocolos de movilidad y emergencia ante episodios extremos.
El turismo también necesita adaptarse. La Comunitat Valenciana puede desestacionalizar la demanda, reforzar destinos de interior, mejorar la eficiencia energética de hoteles y apartamentos, ordenar flujos en zonas saturadas, proteger espacios naturales y reducir la dependencia del coche en los desplazamientos turísticos. Unas medidas que no son solo ambientales, también sirven para proteger empleo, mejorar servicios y sostener la actividad económica. El coste de no actuar será mayor que el coste de adaptarse. La Comunitat Valenciana dispone de diagnóstico y propuestas. El reto es ejecutarlas.
El cambio climático ya condiciona la política turística, territorial y de movilidad. La respuesta debe ser práctica con más prevención que improvisación. De esa capacidad dependerá una parte relevante del futuro turístico y económico valenciano.
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