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Opinión | El día del señor

València

Jilgueros

Imagen de archivo.

Imagen de archivo. / ED

Hay que ser un poco raro en esto de los pájaros, sobre todo cuando ya sabemos lo que hace el jilguero por el gato. Mi guía se perdió alguna vez, pero no del todo puesto que reapareció en colores y hubiera podido tener mejor ordenamiento para que parientes y deudos disfruten de mis cromos.

Que se le va a hacer: en tiempos duros recorría las salinas de Eivissa y Formentera con mi bici, la chica guapa que se llama Mary (como en las pelis) dos o tres amigos i la extensión del aguazal para disfrutarlo solo o con poca compañía.

Un tipo con visión me llamó al orden porque, a su juicio, las parejas que morían de amor subidas a la parra eran de cadernera, de colorín (o sea de jilguero en Andalucía y cagarnera en Sueca). Desde la cabecita a la máscara como deferencia deyectiva. Del amarillo al rojo y negro. Sin contar la faja oscura del tarro blanco

Al final ha quedado claro que, por colores, no hay nadie que pueda superar a Rafael Conde. “El Titi”)

Al jilguero no le pasa eso, ya que pueden admitir lo que los verderones aceptan, como fatalidad, la disfunción eréctil, y siguen siendo los jilgueros los enamorados de la flor de la alcachofa, en cuya vertical tienen un colchón mullido y un puñado de plumas que apartamos porque el nene solo tiene cuatro años y lo vamos a traumatizar.

Nuestra capacidad de apropiarnos de todo tipo de animales como alimento y como objetos decorativos, nos llevó a investigar en las preciosas plumas de los pájaros tropicales y en los insectos-joya además de tener siempre disponible y renovada la dulce sopita del colibrí.

Mi madre no sufría estos escrúpulos con el cuchillo de degollar lo mismo cortaba cuello de pollo que de pato: de hecho, había concursos sobre la base de ganar el coll de pato calent.

Creo que en ningún rincón del Diluvio se alude directamente a la pareja de animales de cada espacie. Es mucha responsabilidad. Las mujeres, pese a la estrechez de Mesoamérica en el mapa, acumulan plumas para denunciar el caso en el que, a falta de metales nobles y con el exoesqueleto como brillante escudo, se perpetra, regularmente el crimen de continuidad de los insectos-joya sin olvidarnos de la dulce sopita que acumula el colibrí.

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