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Opinión | Algo personal

València

Que no me pase nada

Es que ahora nos inflan a mentiras y no pasa nada. Mejor dicho: a algunos los enchironan en un pispás por decir la verdad y quienes mienten más que respiran andan por ahí como si fueran un poema de San Juan de la Cruz

El presidente de la Diputación, Vicent Mompó.

El presidente de la Diputación, Vicent Mompó. / Levante-EMV

Esto es el cuento de nunca acabar. Como cuando los abuelos nos contaban cientos y diferentes historias de muertos y desaparecidos y a nosotros -críos miedosos hasta no poder más- siempre nos parecían la misma historia. Recuerdo la cuidada entonación, cómo modulaban la voz igual que hacían los artistas en las películas del Cine Musical, la cara que ponían cuando el final del relato nos encogía entre las sábanas como asustados conejos en sus cabos. Nunca olvidamos aquellos cuentos. Para bien o para mal forman parte de nuestra educación sentimental, como solemos decir -con una cierta y a veces exagerada solemnidad- cuando lo de antes ha influido más o menos para llegar a ser lo que somos.

Ahora nos inflan a cuentos chinos, como escribía León Felipe no sé si antes o después de hacerse novio en México de Sarita Montiel. Bueno, novio novio no sé, pero siempre me gustó pensar que algo había entre ellos y a mí me chifla esa versión del amor romántico entre el inmenso poeta y la artista más internacional que han dado el cine y la música en su versión patria, incluyendo a Penélope Cruz y a nuestra ilustre paisana Conchita Piquer. Y por favor, no se me vayan a enfadar sus fans si no me desato aquí en encendidos elogios a Nino Bravo. Tampoco se trata de hacer de esta columna una antología completa de figuras del cante y del cinematógrafo. Sigo, pues, con lo de los cuentos chinos, ¿vale?

El lío de los testigos

Es que ahora nos inflan a mentiras y no pasa nada. Mejor dicho: a algunos los enchironan en un pispás por decir la verdad y quienes mienten más que respiran andan por ahí como si fueran un poema de San Juan de la Cruz. O mejor aún: de Quevedo. Mejor de Quevedo porque el de "polvo serán, mas polvo enamorado" también sabía aquello hoy tan de moda de "perder el respeto a ley severa". Tanta poesía y artisteo me vienen a la cabeza porque acabo de leer que el presidente de la Diputación de València, ese Vicente Mompó que se considera tan de pueblo que las ovejas le parecen aristocráticas encarnaciones de la Duquesa de Alba, no le dijo la verdad a la jueza de Catarroja cuando declaró como testigo sobre el cruelísimo asunto de la dana. O a lo mejor mintió. Así a las claras, como ha hecho tantísima gente para escurrir el bulto en la tragedia que costó la vida a 230 personas y dejó familias enteras viviendo su tristeza -y una rabia infinita- como buenamente están pudiendo desde aquel maldito 29 de octubre de 2024.

Lo que dijo Mompó en sede judicial es que desconocía la gravedad de la barrancada hasta que dieron la alerta pasadas las ocho de la tarde de ese día. Que no sabía nada, afirmó ante la magistrada Nuria Ruiz Tobarra. Pero al final todo se sabe y resulta que hace unos días, en su turno de declaración como testigo, Amparo Folgado, alcaldesa de Torrent también por el PP, aseguró que había hablado con el presidente cuando eran poco más de las seis y media de la tarde de ese mismo día. Y que le contó que las aguas que acabarían en el barranco del Poyo andaban a su bola, o sea, fuera de control.

Mompó en la Ciudad de la Justicia.

Mompó en la Ciudad de la Justicia. / Levante-EMV

Los dos colegas cuentan la misma historia pero de una manera diferente, como los críos entendíamos los cuentos del abuelo en las noches de miedo junto al río. Una misma historia con dos versiones distintas. Uno de los dos miente, ¿no? O los dos. Ya ni se sabe con la de líos que han montado desde que Mazón tardó año y medio en llegar desde el Ventorro a su despacho en el Palau de la Generalitat. Y arman esos líos, además, en sede judicial. Y como testigos. Y ya saben ustedes que los testigos no pueden mentir porque si lo hacen estarían cometiendo un delito. No sé dónde va a meter, la pobre magistrada, tanto cuento chino como están dejando las declaraciones testimoniales en el juzgado de Catarroja.

Un charco de olvido

El problema es que a las derechas que mienten nunca les pasa nada. Y a las izquierdas de nada les sirve decir la verdad: a chirona en un pispás. Pero claro: como con la justicia no nos podemos meter, pues toca callar y dejar que muchos jueces -aunque rocen o superen los límites de la prevaricación- hagan lo que les salga de las narices. O sea, lo de Quevedo: le pierden el respeto a la ley y tan tranquilos. O más aún: ver cómo, con todo el cinismo del mundo, muchos jueces siguen las directrices de Aznar cuando soltó a los cuatro vientos: "el que pueda hacer, que haga". Y lo hacen. Y no pasa nada. Pero yo acabo de criticar a los jueces que siguen las directrices de Aznar y tampoco pasa nada. Bueno: eso espero. Y también espero a ver qué pasa con las presuntas mentiras del presidente de la Diputación de València en el juzgado de Catarroja, cuando afirmó que nadie lo había avisado de la terrible envergadura de la barrancada.

El tiempo corre muy aprisa. Demasiado. Lo olvidamos todo de hoy a mañana. ¿Pasará eso con las víctimas de la dana? Ese verso de mi admirado Philip Larkin: "al día siguiente será el pasado". En eso confían los que mienten descaradamente en sede judicial o donde sea. Que lo de ahora mismo sea mañana un miserable charco de olvido. En eso confían. Bueno, y también en algunos jueces, claro. También en algunos jueces… Y que no me pase nada.

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