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Opinión

Clara Pla

Clara Pla

Responsable de Participació i Associacionisme del Consell de la Joventut de València

València

Unas PAU injustas: el reflejo de un sistema al límite

Estudiantes preparando la PAU en la biblioteca municipal 'Carola Reig', en Benimaclet.

Estudiantes preparando la PAU en la biblioteca municipal 'Carola Reig', en Benimaclet. / M.A. Montesinos

Estamos a un día de las pruebas de acceso a la universidad, unas pruebas que determinarán el futuro de muchos de los alumnos y alumnas de la Comunitat Valenciana. En estos tres días se decidirá quien entra a la carrera de sus sueños y quien se tendrá que conformar con la segunda opción: ciertamente son momentos de estrés, nervios e incertidumbre que los jóvenes recordamos con cierta amargura. Normalmente por estas fechas, desde el Consell de la Joventut de València les desearíamos ánimos y suerte, pero esta vez, preferimos darles las gracias.

Este año las PAU estarán marcadas por un toque extra de incertidumbre que estoy segura de que no es del agrado de nadie, una situación compleja marcada por el desbordamiento de los docentes y la negativa del gobierno valenciano para escuchar las preocupaciones del sector educativo. Además de compleja, esta situación es especialmente injusta para esta generación, una generación que ha vivido las carencias de la escuela pública a lo largo de toda su etapa educativa. Muchas de las personas que se presentan este año a las PAU saben lo que es estudiar con temperaturas sofocantes en verano y con frío en los meses de invierno. Algunos de ellos también son conscientes de lo que significa vivir la “experiencia barracónˮ, al igual que no les sonarán lejanas las anécdotas de profesores desbordados que de una u otra manera no son capaces de atender las necesidades del alumnado en su totalidad, a pesar de quererlo con ansias.

Gran parte de esta generación acaba ahora su etapa en la escuela pública, y la dejan en una situación delicada y ante la incerteza de cómo se desarrollan unas pruebas que serán decisivas para su futuro. Por eso es por lo que nos nace agradecerles: gracias porque, aunque ya sea tarde para vosotros y para todos aquellos que acabamos nuestra educación recientemente, esperemos que no lo sea para las generaciones futuras. Gracias porque, a pesar de que no vayáis a ver en vuestras carnes los frutos de esta lucha colectiva, estáis lidiando con las causas y sus consecuencias. Gracias por la resiliencia y la paciencia.

Ante todo, esperamos de todo corazón que todas estas profesoras y profesores (n)os hayan podido transmitir una última lección: la lección del inconformismo y la unidad ante las injusticias. Y, sobre todo, la lección de la dignidad. Porque tenemos mucho que aprender de toda la comunidad educativa – y no sólo los ríos de España-. Tenemos que aprender de su fortaleza, de su decisión, de su sacrificio y de su paciencia. Esa paciencia que nos muestran tras tres semanas de huelga, sacrificando su tiempo y dinero para que la educación pública alcance unos estándares mínimos para su alumnado presente y futuro. Porque sin una educación pública de calidad, se desvanecen las pocas oportunidades con las que puede contar la juventud, sobre todo la más desfavorecida. Ojalá el gobierno valenciano pueda aprender, aunque sea un poco, de la comunidad educativa y pueda empezar a dar soluciones serias ante las deficiencias que presenta la escuela pública y que muchos alumnos/as y profesores/as conocen de primera mano.

Por ello, sólo podemos acabar este texto con un llamamiento hacia este gobierno, para que de una vez por todas escuche los reclamos que la comunidad educativa está haciendo. Para que deje de favorecer a los ya favorecidos que conforman la escuela concertada y privada y se centre en escuchar los gritos de auxilio de una escuela pública que no puede más, sin la que muchos de los jóvenes valencianos no tendrán la oportunidad de acceder a un futuro digno.

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