Opinión | A la contra
Siempre pensaremos contigo, Edgar Morin

El intelectual y filósofo francés Edgar Morin. / D
El sábado amanecimos con la inesperada noticia de la muerte de Edgar Morin, quien, hasta su último día, produjo conocimiento como hizo siempre en sus 104 años de vida. Agradeceré eternamente a mi querida profesora Ana Sánchez Torres que introdujera su obra en la Facultad de Filosofía de València. Ella fue la principal introductora y traductora de la filosofía de Morin, resistente antinazi y uno de los intelectuales europeos de mayor calibre. Recuerdo su insistencia en que estudiásemos la obra magna moriniana, El método, seis volúmenes que recogen esa reflexión transdisciplinar y humanista del teórico del pensamiento complejo. La tesis doctoral de Sánchez Torres, ‘Epistemología de la complejidad. Epistemología feminista’, se defendió en 1989. El tribunal fue presidido por Celia Amorós en una universidad que restaba importancia a los estudios y a la producción del conocimiento de las mujeres. Por eso, cuando todo el mundo elogia y recuerda la obra inmensa de Morin, hacer justicia y poner en valor a quienes lo estudiaron y divulgaron en tiempos convulsos deviene un acto de reparación. Sánchez Torres es en nuestro país la impulsora del pensamiento complejo moriniano, su mayor divulgadora y la única que aplicó su marco teórico a una disciplina universitaria.
Toda la trayectoria intelectual de Edgar Morin insiste en la complejidad de los fenómenos sociales. Su obra aborda aquellas cuestiones que, como seres humanos, nos interpelan: el conocimiento, la muerte, el amor, la ciencia, la verdad, la educación, la guerra, el feminismo, la indignación, el proyecto europeo, el relato biográfico, la política, la naturaleza, el poder, la ética, la identidad humana, las ideas, el futuro… La obra moriniana abarca toda la complejidad de lo específicamente humano, sin resquicio o laguna, analizado desde una dimensión «poliédrica». Todo fenómeno o hecho social debe observarse desde los distintos saberes humanos porque cada uno aporta un diálogo, una mirada, una idea. Un proyecto profundamente humanista que Morin aplicó en su obra, como así constatan las diversas temáticas de su estudio, siempre interrelacionadas, siempre objeto de reflexión desde la sociología, la antropología, la filosofía, la psicología, la ciencia e incluso la poesía. De esto da testimonio cada una de sus publicaciones, siendo imposible citarlas todas.
Edgar Morin dignificó el espacio universitario combinando la producción epistémica con la necesidad de divulgarla en el espacio público. Su finalidad: transformar el mundo, generar debate social. Podría entenderse como una fórmula para revolucionar a la ciudadanía. Se nos fue un maestro; deja un legado eterno. Gracias de nuevo, Ana Sánchez Torres. Toca resignarse y echar de menos su complejidad en estos tiempos de simplismo. Por eso siempre pensaremos contigo, Edgar Morin.
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