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Opinión

Profesora de Derecho Constitucional y ética

Por la espalda

El trabajo de la policía es defender a los ciudadanos, y los ciudadanos tienen derecho a defender la educación y la sanidad como pilares de una sociedad justa y humana

Así fue la agresión de un policía a una profesora en Valencia.

Así fue la agresión de un policía a una profesora en Valencia.

Veo la imagen una y otra vez y apenas puedo creerlo. Una mujer vestida con pantalón vaquero y camiseta verde camina por una avenida tranquila. De pronto un policía llega corriendo y la empuja con violencia con su mano izquierda por la espalda y la tira al suelo. Cae de bruces. ¿Se ha partido la cabeza? ¿Sangra? El policía, de negro y con una porra en la mano, no la socorre, no muestra arrepentimiento, y se dedica a asustar con su porra a las personas que acuden a levantarla. La mujer, una maestra de sesenta y ocho años jubilada, se incorpora con expresión de no saber dónde está o qué ha pasado, ni por qué, y se abraza a un hombre. La mujer tiene la nariz rota, los demás tienen roto el corazón. Nadie acaba de creer lo sucedido. Han acudido allí porque hace dos semanas recorren las calles de Valencia y reclaman sus derechos: un sueldo digno y unas condiciones educativas donde se pueda enseñar con una mínima calidad. Los docentes comienzan a reaccionar y corean al unísono: “Vergonya, vergonya”, inmóviles frente a la policía. Me saltan las lágrimas. Yo también soy docente y conozco el sacrificio que supone para ellos la huelga, una huelga cargada de razón y de paciencia, en la que están perdiendo parte de su sueldo, por defender el futuro de una escuela y educación digna que constituye un derecho fundamental en nuestra ley suprema.

¿En que mundo vivimos que parece estar todo al revés? El trabajo de la policía es defender a los ciudadanos, y los ciudadanos tienen derecho a defender la educación y la sanidad como pilares de una sociedad justa y humana, del mismo modo que tienen derecho a la huelga o a manifestarse libremente, tal como recoge nuestra Constitución. Y esto, lo que ha sucedido en Valencia hace unos días, es una agresión, irracional, injustificada, brutal e inhumana, que no solo produce vergüenza, sino indignación a todas las personas que defienden y valoran la educación, se estén manifestando o no. ¿A qué ordenes obedecía?

Agredir a un ciudadano que anda por la calle de espaldas, sin provocar a nadie, tan solo porque ejerce su derecho a manifestarse de forma pacífica es violencia, con el agravante de la situación de indefensión en la que se encontraba la docente y de su edad. No se puede, ni se debe jamás tratar a los maestros como si fueran delincuentes por la simple razón de ejercer sus derechos. Los maestros son sagrados por su dedicación y porque marcan la vida de nuestros hijos e hijas en distintas edades, y el odio de ese policía no lo hace apto para poder ejercer su profesión. Necesita educación y ética elemental.

Lo dijo Mandela y lo repetiré hasta que me canse: la educación es el arma mas poderosa para cambiar el mundo, es el alma de toda sociedad.

Y al ver la irracionalidad de estas imágenes, he sentido dolor y he pensado que ahora, más que nunca, debemos defender la educación con todas nuestras fuerzas como antídoto contra la brutalidad. Ojalá sepan reaccionar quienes deben tomar medidas y ojalá nos unamos para defender con todas nuestras fuerzas la dignidad de la educación pública.

Si no lo hacemos nosotros. ¿Quién lo hará?

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