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Opinión

Senadora del PSOE

Bernabé y Catalá o la autenticidad frente a la impostura

María José Catalá y Pilar Bernabé.

María José Catalá y Pilar Bernabé. / J.M.López

Cuando yo era pequeña no existían las ludotecas ni las piscinas de pelotas. Los cumpleaños los celebrábamos en casa con unas cuantas amigas del cole, nada de invitar a toda la clase como ahora. Nos conformábamos con gusanitos y sándwiches hechos por la madre con la ayuda de las abuelas, las tías o las hermanas mayores, según fuera el caso.

Las niñas de esa época disfrutábamos con lo que había y no nos llamaba la atención que nunca estuvieran los padres en esas fiestas, pero sí éramos expertas en madres. Sabíamos quién era la que mejor hacía los sándwiches de nocilla y la que, además de gusanitos y papas, nos ponía también aceitunas con hueso sin miedo a que nos atragantáramos. Y, cómo no, sabíamos quién era la madre que ese día abría el comedor grande y sacaba la vajilla buena para luego pasarse la tarde manteniéndonos a raya para que no rompiéramos ni mancháramos nada. ¡Cómo nos aburríamos allí, madre! Qué cumpleaños tan diferentes.

Estos recuerdos me surgieron hace unos días con una foto que unía a las alcaldesas Catalá y a la que lo será en poco tiempo, Pilar Bernabé. Se las veía a las dos con un delantal y repartiendo comida. Teóricamente la imagen era la misma. “Qué coincidencia”, dirá el más bienintencionado. Pero de eso nada. Ni la imagen realmente era la misma ni la coincidencia existe.

Pilar Bernabé quiso dar el pistoletazo de salida al último año que le queda a Catalá como alcaldesa, y lo quiso hacer en su barrio de siempre y acompañada de muchos amigos y amigas. Con las personas que vamos a trabajar este último año con ella y que quisimos almorzar juntos; gente que pagamos nuestro tiquet por el bocata y que, a pesar del calor, disfrutamos con la alegría que Pilar irradia.

Ella se puso el delantal, el suyo, el que se trajo de casa, y se puso a repartir los bocatas, como ha hecho tantas veces; como hacía cuando era joven en los scouts, como aún hace siempre que toca hacerlo en su falla, como ha hecho tantas veces en su partido, en el que lo ha sido todo, de abajo arriba.

La todavía alcaldesa supo lo que se estaba organizando y debió decirles a los suyos que ella también quería. Y claro, dicho y hecho, que para eso es alcaldesa y puede aparecer en cualquier festividad programada, porque la ciudadanía es muy educada y nunca la recibiría mal.

Y allí se plantó, en el Mercado del Cabanyal, donde se celebraba la entrada de la clóchina, un acto creado por el gobierno progresista del Rialto y que este año también financia el Ayuntamiento. Ella se colocó un delantal azul con el logotipo de Mercavalencia y unos pulcros guantes naranjas, se hizo una foto y se fue a su casa tan contenta. Ya tenía su foto y, seguramente, pensó que había eclipsado a Bernabé.

Qué confundida estaba Catalá. Fue como la madre de mi amiga, la que preparaba el comedor de lujo y el cumpleaños más aburrido. No se puede iniciar una campaña en la que te vas a dirigir a los ciudadanos para pedirles su voto con esa falsa imagen de cercanía, con esa foto fabricada únicamente para copiar a tu rival y sin nada detrás.

Afortunadamente, en Valencia contamos con Pilar Bernabé, una candidata que ya cuenta con el apoyo de muchos: de todo su partido, para empezar, pero también de muchos otros que saben que ella es una más de los suyos, que sabe lo que necesitan y que está dispuesta a trabajar para cubrir esas necesidades.

Sin duda, en este próximo año veremos más fotos prefabricadas de la todavía alcaldesa de Valencia. Cuánta impostura y qué pocas ganas de arreglar el caos del tráfico o la limpieza de la ciudad. Esta ciudad necesita autenticidad y ganas de trabajar. Necesita de alcaldesa a Pilar Bernabé.

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