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Opinión | Bolos

Director de Levante-EMV

Mediación para salir de la huelga docente

La falta de avances tras casi un mes de conflicto evidencia la necesidad de un mediador externo que desbloquee la negociación

Acampada docente en la plaza de la Virgen

Acampada docente en la plaza de la Virgen / Miguel Ángel Montesinos

A punto de cumplirse un mes de huelga en las aulas, el conflicto educativo valenciano entra en alerta roja. El bloqueo se agrava, las posiciones siguen alejadas y escala la ruptura sindical. Mientras tanto, la comunidad educativa asume el coste de una protesta sin avances. La acampada frente al Palau ha añadido el plano institucional al problema, e incluso el de seguridad, con el rifirrafe sobre las competencias policiales para un posible desalojo antes del Corpus.

La huelga es un derecho democrático. También lo es la negociación colectiva. Pero ambos pierden sentido cuando se convierten en una prueba de resistencia, con cada parte esperando que la otra ceda por agotamiento. En educación, además, el conflicto nunca queda limitado a la Administración y al profesorado. Afecta al alumnado, a las familias y a la vida diaria de los centros. Por eso ha llegado el momento de incorporar un mediador externo, con conocimiento del sistema educativo y capacidad para ordenar una negociación instalada en punto muerto. No para sustituir a nadie, ni para rebajar ninguna reivindicación, sino para abrir una vía que permita salir del bucle.

España cuenta con tradición y mecanismos de mediación en conflictos laborales. La normativa de huelga contempla esa posibilidad, y existen sistemas institucionales, estatales y autonómicos, concebidos para impedir que los desacuerdos se enquisten. La mediación no supone una derrota para ninguna parte. Puede ser, simplemente, la salida cuando el diálogo directo deja de producir resultados.

El Consell no debería interpretar esa petición como una cesión de autoridad. Los sindicatos tampoco verla como una renuncia a la presión legítima de la huelga. Un mediador puede separar lo urgente de lo estructural, distinguir lo posible de lo retórico y convertir una cadena de reproches en una agenda de acuerdos.

El conflicto necesita algo más que concentraciones y reuniones sin desenlace. Si después de casi un mes no se ha recompuesto la confianza, alguien debe ayudar a reconstruirla. La escuela no puede vivir en suspensión permanente. Y una negociación que no avanza necesita algo más que voluntad. Necesita mediación. A estas alturas, aplazar esa decisión solo prolonga el deterioro de final de curso.

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