Opinión | El falso nueve

Periodista
El outsider con lágrima fácil

José Manuel López
Encajaría, sin lugar a dudas, en el listado semicanalla en la canción, en esa, en la del pirata cojo. “Jardinero del Levante” se colaría en la relación de vidas sabineras de “todos los hombres que nunca seré” junto a tabernero en Dublín o al detective en apuros. Aunque a Raimon le habría encantado ser “El hombre que mató a Liberty Valance”, las líneas de sus gruesas manos tenían marcado el color verde, color césped, y él decidió alternarlo con el azulgrana. Y ahora, 38 años después, se jubila, lo que no significa que se vaya.
Raimon llegó al fútbol de siempre y allí se quedó, algo nada reprochable y bastante heroico. Odio al fútbol moderno, podría su eslogan. Mientras el fútbol se acercaba al “business” y su entorno físico y sentimental mutaba hacia otros modos menos terrenales, él decidió, probablemente sin darse cuenta, mantener su personaje y su territorio. Los que conocemos a Raimon sabemos que son dos, los dos con sus miedos, sus contradicciones y sus verdades. Un día te encontrabas al pistolero vestido de negro retando al mundo sin saber el motivo y al día siguiente ese tipo grandote y tosco empapaba de lágrimas su verdad.

Raimón Ferrer, jardinero del Levante UD que se jubila / José Manuel López / JM LOPEZ
Y con esa sensibilidad que no todos tienen de dar valor a lo nuestro, lo material que rezuma valores e historia, fabricó con sus manos el rincón más maravilloso del fútbol español, el Raconet. Él sabe que el Raconet le tiene una lealtad incondicional y que allí se ha vivido parte de la historia confesable, e inconfesable, del Levante. Allí va a seguir, con Raimon en el umbral de su puerta, como centinela de lo que fuimos y no debemos olvidar. Y pese a que el fútbol ha perdido esa esencia, Rai ha sido fiel a su club, a los suyos, a lo Sinatra, a su manera; a lo Preciado, esperando al sol de mañana. Amigo de frases hechas, algunos gritos a veces descontextualizados y un permanente “aquí estoy yo”, para proteger al corazón sencillo, a ese que quiere lo suyo y lo quiere tanto que se resiste a ver perder su autenticidad.
Raimon no debe catalogarse como un levantinista más que los demás. Eso sí, sin duda, es uno de los tuyos, uno de los nuestros, un fulano de lágrima fácil, el outsider del fútbol.
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