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Opinión | La veleta de papel

València

Tecnócratas

La IA está presente en todas partes.

La IA está presente en todas partes. / ED

Para nada es necesaria la violencia, mucho menos para relacionarnos con personas cercanas o lejanas. Para recibir una transfusión de sangre, no importa el color o el idioma del donante, sino su compatibilidad.

En España y en el mundo crece la crispación hasta límites insoportables, forzándonos a tomar partido entre una orilla u otra de cualquier cosa, incluso de las inexistentes. Es saludable cierta competencia moderada. Siempre habrá quien prefiera más los ideales humanistas a los tecnócratas, pero que ello no nos impida almorzar juntos.

En la actualidad hay unos actores, los tecnoligarcas, que defienden insaciablemente intereses privados, distorsionando la escena social. Sin haber construido siquiera una silla de madera, se han convertido en poseedores de una parte enorme de la riqueza mundial, sostenida en unas redes tan incorpóreas y frágiles como perniciosas sin control. No tienen nada tangible y, sin embargo, lo poseen todo: mecanismos capaces de manipular la mente, provocar guerras, hambrunas o golpes de Estado, con consecuencias nefastas para la humanidad. Locos emperadores que, en un caos maléfico, lanzan sobre la humanidad guerra y muerte.

El sistema financiero es un sostenido trampantojo engrandecido a lo largo de decenios, que, cercano a su culmen, campa por sus fueros sin apenas control estatal

Sin oro, manipulan su cotización; sin monedas tangibles y reales, las condicionan a su antojo. Si la totalidad del dinero teórico que circula en el sistema bancario o parabancario mundial tuviese que materializarse en breve plazo, el sistema quebraría fulminado por la imposibilidad real de hacerlo efectivo. El sistema financiero es un sostenido trampantojo engrandecido a lo largo de decenios, que, cercano a su culmen, campa por sus fueros sin apenas control estatal.

A esto añadamos internet, una red que nació como sistema militar y que a mediados del siglo pasado se entrevió como una útil herramienta para el progreso humano. Interconectar el mundo y globalizarlo. Mas no advertimos que detrás de una red siempre hay arañas depredadoras e insaciables, alimentadas con la ignorancia provocada, aderezada con las ilusiones de millones y millones de seres humanos.

Hoy las redes son la mayor fuente de manipulación de la mente del ser humano jamás imaginada, algo que ni Goebbels, en sus mejores sueños, pudo intuir. Unas redes controladas por megalómanos retorcidos y alimentadas por un ejército mercenario de técnicos que sostienen a la bestia.

Son redes eficacísimas en el cumplimiento de objetivos que para sí quisieran las empresas productoras de bienes. Hoy las noticias difundidas a través de ellas, con un porcentaje altísimo de mentiras o medias verdades, se aceptan como verdad revelada. Vemos megamillonarios estrafalarios y estrepitosos, admirados por gran parte de la población mundial, pretendiendo el dominio absoluto del mundo —e incluso del universo—, sin límite ético o moral, sin normas de regulación ni responsabilidad por las acciones u omisiones provocadas por sus inventos.

Están llegando a un punto en el que han empezado a hablar de muchos seres humanos como ineficientes y, por tanto, prescindibles

Hoy la mal llamada Inteligencia Artificial, objeto de la muy acertada e importantísima primera encíclica de León XIV, está introduciéndose en nuestras vidas a todos los niveles; va ocupando parcelas que hasta ahora eran exclusivas de la creación humana, no para liberar al hombre dándole más tiempo para su disfrute, sino para hacerlo más dependiente y, en última instancia, más esclavo de quienes controlan estas herramientas. Están llegando a un punto en el que han empezado a hablar de muchos seres humanos como ineficientes y, por tanto, prescindibles.

Tratan de manipular el futuro a su favor, enmascarando los peligros y mostrando una realidad parcial a través de un prisma que ellos mismos fabrican. No les interesa el libre albedrío. Lo están consiguiendo, en contra de los derechos e intereses de la misma gente que, inconscientemente, les concede el poder fascinada. No porque sean estúpidos, sino porque existe un enorme desencanto social; nos hicieron creer, mientras nos adormecían, que vivíamos en un paraíso que ahora se revela falso.

Los ricos nunca dan duros a cuatro pesetas y menos los indecentes. La realidad detrás de la cortina no es bonita, pero es la verdad.

Nunca habrá ningún gobierno que pueda preverlo todo, dar sin límite a su pueblo, controlar las fuerzas de la naturaleza o ser intachable. Perfecto es Dios, no los hombres. El futuro es y debe ser imparable, pero desde antiguo hubo pensadores que advirtieron que el progreso también puede convertirse en retroceso.

No lo permitamos.

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