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Opinión

Robert Raga

Robert Raga

Alcalde de l'Ajuntament de Riba-roja de Túria.

València

Calentamiento global

El informe Copernicus no hace sino confirmar que Europa se ha convertido en el epicentro del calentamiento global durante 2025. Y ello supone, por desgracia, temperaturas superiores a la media, sequías, deshielo y olas de calor. Pero esta realidad no debe desalentarnos.

Un hidroavión tira agua sobre un incendio.

Un hidroavión tira agua sobre un incendio. / Efe

Recientemente, hemos celebrado en Castelldefels la XVIII Asamblea General de la Red Española de Ciudades por el Clima y el Encuentro 20 años de Acción Climática Local, en el que los ayuntamientos y las administraciones públicas que formamos parte de esta entidad demostramos, una vez más, que no solo cumplimos con nuestra obligación como miembros sino, también, con nuestro compromiso y voluntad por crear un mundo mejor para las futuras generaciones.

Más habitable, sostenible y, especialmente, más respetuoso con nuestro medio ambiente son algunos de los ejes sobre los que pivota la acción de esta entidad que engloba a casi 400 entidades locales.

Precisamente, este año se celebra además el vigésimo aniversario de la Acción Climática Local, una ocasión propicia para subrayar la importancia del camino emprendido hace ya dos décadas, en un momento en el que no existía, desgraciadamente, la conciencia social ni el impulso político que hoy conocemos sobre la relevancia de nuestras acciones cotidianas.

Impulsos, aspectos y hechos que parecen, a primera vista, insignificantes, cobran una relevancia notable a la hora de convertir nuestro entorno más inmediato en un hábitat más amable, más limpio y más perdurable. Un esfuerzo sostenido que permite preservar la esencia de aquello que conocemos y disfrutarlo con la tranquilidad que proporciona el trabajo realizado durante tantos años.

Conviene poner en valor la labor y la importancia que adquiere año tras año la celebración de estos encuentros, en los que quienes nos reunimos tenemos la oportunidad de compartir las propuestas que cada ayuntamiento pone en marcha en su municipio.

Siempre surgen debates interesantes acerca de las medidas que impulsamos para mitigar los efectos devastadores del cambio climático global, que avanza a pasos agigantados sobre el mundo en el que hemos nacido y crecido y que, poco a poco, se ve transformado por la acción humana.

Sobre este punto tenemos dos alternativas: quedarnos de brazos cruzados o arremangarnos y actuar siguiendo las recomendaciones de las voces expertas. No se trata de un camino sencillo. Ya lo sabíamos. Ahora, sin embargo, no solo debemos luchar contra la indiferencia que podía preverse desde determinados ámbitos, sino también contra quienes niegan la existencia misma del cambio climático.

Precisamente, la ola de conservadurismo que recorre determinados lugares del planeta supone un freno para el avance de las medidas necesarias para combatir sus efectos.

A las puertas tenemos ya un verano que los expertos anuncian tórrido, extremo e infernal. No se trata de mala suerte ni de un fenómeno casual, sino de una realidad que muchos llevamos tiempo advirtiendo. La acción humana, que durante décadas ha tratado el medio ambiente como si dispusiera de recursos ilimitados e inmunes al desgaste, ha quedado desmentida por la evidencia.

El informe Copernicus conocido hace unas semanas no hace sino confirmar que Europa se ha convertido en el epicentro del calentamiento global durante 2025. Y ello supone, por desgracia, temperaturas superiores a la media, sequías, deshielo y olas de calor.

Pero esta realidad no debe desalentarnos. Al contrario. Debe reforzar nuestra convicción para continuar avanzando en el mismo camino.

Por empeño que no quede.

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