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Opinión | Editorial

València

Festivales y vecinos con derechos

La suspensión de Les Arts evidencia que València debe hacer compatible el ocio y el descanso

El ruido que llega del Festival de les Arts a las viviendas más cercanas

El ruido que llega del Festival de les Arts a las viviendas más cercanas / Esteban San Canuto

La suspensión de la segunda jornada del Festival de Les Arts es un mal precedente para los miles de asistentes, para los artistas y para una industria cultural que aporta actividad, empleo y proyección a València. Pero no puede presentarse como un episodio imprevisible ni como una mera fatalidad administrativa. A la vista de los antecedentes judiciales, de las advertencias previas y de las mediciones acústicas realizadas durante la primera jornada, la decisión de interrumpir el evento era, dadas las circunstancias, la consecuencia lógica de un problema que llevaba tiempo reclamando una solución más prudente, como era trasladar el festival musical a un emplazamiento compatible con sus necesidades sonoras y con el derecho al descanso de los vecinos. València es una ciudad abierta a la música, a los grandes eventos y a una oferta cultural capaz de atraer público y generar dinamismo económico.

El Festival de Les Arts ha demostrado durante años su capacidad de convocatoria y su arraigo entre miles de aficionados a los conciertos en directo. Pero precisamente por la importancia del festival, su continuidad no podía descansar sobre una tensión permanente con quienes viven junto al recinto. Un evento de primera magnitud necesita espacio, potencia sonora, seguridad jurídica y condiciones técnicas suficientes para celebrarse sin quedar al borde del incumplimiento. Si todo ello no puede garantizarse en la Ciudad de las Artes y las Ciencias (Cacsa), lo responsable no era apurar hasta el último momento, sino buscar una ubicación alternativa.

El informe municipal es concluyente al señalar que durante la primera jornada se superaron los niveles permitidos tanto en los escenarios como en viviendas próximas. Además, existía ya una sentencia que obligaba a impedir la vulneración de derechos fundamentales de vecinos afectados por las actividades musicales desarrolladas en ese ámbito. Con esos elementos, la cancelación de la segunda jornada no debería sorprender a nadie.

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