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Opinión | Bolos

Director de Levante-EMV

Una estación sin ruido

València ha desarrollado una cierta apatía ante grandes proyectos, pero la futura Estación Central es clave para el futuro de Cap i Casal

Así será la futura Estación Central de València.

Así será la futura Estación Central de València. / Sener Group

Hemos decidido tomarnos con mucha calma la futura Estación Central; esa que cambiará el centro de València. Discutimos por cosas importantes: una terraza, el ruido de los conciertos, una mascletá y por el carril bici que pasa por debajo de casa. Pero los asuntos intrascendentes, como el gran proyecto urbano de esta década, ese que, además de ordenar trenes y accesos, va a configurar el futuro de Cap i Casal, nos resbalan.

Así de silenciosa ha entrado la adjudicación del diseño de la Estación Central. Sin una de esas frases grandilocuentes que empiezan por “esto es histórico” y acaban en “ya veremos”. Se diría que València, después de tantos años de grandes proyectos como el Nou Mestalla, ha desarrollado una especie de vacuna para no ilusionarse y para no tener que enfadarse luego. Es comprensible. Aquí las infraestructuras se anuncian, se enseñan, se redibujan, se presupuestan, se aparcan y, cuando uno ya ha perdido la cuenta, vuelven con otro nombre. La paciencia valenciana es arqueología administrativa. Pero una cosa es haber aprendido a desconfiar y otra muy distinta es dejar pasar como si nada una obra que va a decidir cómo entran y salen miles de viajeros cada día.

Una estación de ese calibre es algo más que esperar al tren. Es un mercado de prisas que mide una ciudad moderna. Todos tenemos una terminal favorita, y nuestra modernista Estación del Norte que diseñó el joven Demetrio Ribes ya representó un orgullo ciudadano en su tiempo. Y València, que tanto habla de modelo, debería abordar este proyecto con algo más que resignación.

La sufrida experiencia de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Santiago Calatrava que tanto discutimos antes de su éxito, demuestra que en este caso no basta con que los trenes quepan. Hay que saber qué pasa con el transporte público arriba. Cómo se conecta con el resto de la ciudad. Qué espacio queda para el peatón. Qué plaza nace. Qué usos aparecen y qué vida tendrá.

Tal vez una Gran Estación Central no da para más y en València nos entretienen demasiado rápido. Conviene recordar que el futuro también se pierde por falta de atención.

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