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Opinión | Raso y junto al palo

En Uruguay faltaron las grandes selecciones europeas

Juan Hohberg, delantero uruguayo

Juan Hohberg, delantero uruguayo

El futbol nació con todos los males posibles. No se privó de la violencia ni de la política. San Agustín comentó que los juegos producían cólera y envidia entre sus propios maestros. El mismo escribió que quedaba atormentado al ser derrotado por su adversario. Homero nos presentó a Nausica como persona aficionada al juego de pelota y al tiempo un tanto descuidada. Nausica puede ser considerada la primera forofa si contamos con el hecho de que despertó a Odiseo de un pelotazo, Para no apartarnos de la historia literaria, de los fundamentos históricos de los juegos hay que recordar que Ciges, rey de Lidia, organizó en los tiempos de hambre partidos para distraer el estómago en los días en que no se podía comer.

Los jugos en sus diversas variantes nacieron en China, México y Japón. Y un antropólogo alemán encontró dibujos en una cueva en los que se ve un individuo corriendo detrás de un objeto redondo.

Los males del fútbol que conocemos llegan desde el momento en que los partidos se convirtieron en luchas medio tribales. La primera confrontación de juego violento fue la que protagonizaron en la ciudad de Derbi dos equipos de distintas clases menestrales. La violencia fue tal que hubo heridos y fracturados. La palabra derbi que hoy se usa para comentar los partidos entre dos equipos de la misma ciudad nació de esa disputa. Consta que Leonardo da Vinci participó en los partidos del Calcio de Florencia en los que se enfrentaban dos barrios de la población y con ansias de victoria

Desde el punto de vista político y religioso no hay que olvidar el hecho de que en Inglaterra donde nacieron las confrontaciones “de las grandes pelotas” la propia jerarquía anglicana publicó una homilía o similar en la que condenaba la violencia de este juego.

La política nunca fue ajena al deporte. La primera gran batalla con varios miles de muertos tuvo como escenario el hipódromo de Estambul donde las tropas del general Belisario entraron saco porque había gran disputa entre dos bandos con colores que significaban diferencias ideológicas.

Desde el comienzo los equipos se convirtieron en el estandarte de la ciudad. Hoy mismo basta ver los colores de muchos de ellos para que su relación socialmente sea clarividente. Los colores azules de los equipos gallegos y de Oviedo y los txuri- urdin de la Real Sociedad de San Sebastián, por ejemplo. No conviene marginar los colores de la cuatribarrada que sirven de soporte en equipos catalanes, valencianos y mallorquines por citar las habituales en determinados encuentros.

SELECCION FRANCESA CON EL CENTROCAMPISTA Y CAPITAN ALEX VILLAPLANE ( D, ARRIBA ) DURANTE SU PARTICIPACION EN EL MUNDIAL DE URUGUAY DE 1930. TRAS DEJAR EL FUTBOL SE CONVIRTIO EN UN DELINCUENTE Y EN UNO DE LOS MAS SADICOS COLABORACIONISTAS QUE EL REGIMEN NAZI ENCONTRO EN FRANCIA DURANTE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, FUE FUSILADO EN 1944 POR SU COLABORACIONISMO CON LOS NAZIS. DEPORTES. FUTBOL. HISTORIAS IRREPETIBLES

Selección francesa con el centrocampista Álex Villaplane / L-EMV

Montar el primer campeonato mundial no fue fácil. El padre de la Copa Mundial, Jules Rimet, las pasó moradas para llevar al torneo trece selecciones entre las que contó con Estados Unidos país que nunca ha sido principal protagonista.

Para el equipo de Francia, el suyo, tuvo que negociar arduamente para poder contar con el conjunto. Al portero Thepot le consiguió permiso de la Administración de Aduanas; a Capello, prórroga para la incorporación a filas; a Pinel, que ya había cumplido con el servicio obligatorio, lo mandó a Montevideo bajo control del cónsul francés en Uruguay. También tuvo que ejercer presiones para que Carol pudiera jugar con Rumania.

Los primeros participantes en la que se llamó durante años la Copa Jules Rimet fueron: Argentina, Chile, Francia, México, Yugoslavia, Brasil, Bolivia Uruguay, Rumania, Perú, Estados Unidos, Paraguay y Bélgica.

Sin las grandes

Las grandes selecciones europeas no viajaron. España, Inglaterra e Italia no se presentaron. Los ingleses que se consideraban los mejores no vieron necesidad de compararse con inferiores. Italia todavía no se había preparado para ser campeona titulo que si consiguió abrazada al fascismo cuatro años después. España, tras la medalla de plata en Amberes jugó varios paridos amistosos y todos ellos sellados con la victoria. Alguna tan aplastante como la el 8-1 a Francia en Zaragoza. Las actuaciones de la selección nacional premundialista tienen historia aparte y muy importante.

En el Mundial uruguayo Francia fue tercera en su grupo con Argentina, Chile y México, pero a Rimet y a sus compatriotas les quedó el consuelo de dejar un dato para la historia. El primer gol mundialista la marcó el francés Marcel Laurient. Fue en el partido inaugural. El goleador tuvo que acabar de portero por lesión de Thepot. Solamente encajó un tanto obra del mexicano Carreño. Francia ganó por 4-.1.

El torneo fue la confirmación de Uruguay que después de vencer en los Juegos Olímpicos se anotó el primer mundial. A la final llegaron uruguayos y argentinos. El ambiente fue claramente a favor de quienes ju gaban en casa.

Vencieron los uruguayos, pero con sufrimiento porque en el primer periodo se adelantaron los argentinos. Dorado (U), Peucelle y Stabile (A) marcaron en el primer tiempo. El “Divino Manco” Castro (manco de verdad y origen gallego) Cea e Iriarte consiguieron los goles uruguayos.

El fútbol fue pronto espectáculo por el que se decantaron clubes y selecciones y por ello se creó la necesidad recurrir a todas las armas posibles. Ya en los años veinte nacieron los posteriormente llamados “oriundos”. Por España jugaron Paulino Alcántara y Galatas nacidos en Filipinas aunque de padres españoles y por lo tanto en entraron en el cupo, pero Italia no reparó en fichajes muy destacados como los de Mascheroni y Scarone, campeones con Uruguay y Stabile finalista con Argentina. La nota más destacada la dio Italia al incorporar a su selección a Luisito Monti finalista con Argentina y campeón con Italia en 1934. Contra España en 1934 jugó Raimundo Orsi, campeón tras el atraco de Florencia.

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