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Opinión | Desde que amanece

Íñigo Roy

Íñigo Roy

Subdirector

La paradoja del alquiler: cuando trocear el queso duplica el precio

Archivo - Dos personas observan inmuebles en alquiler y en venta en un escaparate de una inmobiliaria

Archivo - Dos personas observan inmuebles en alquiler y en venta en un escaparate de una inmobiliaria / Matias Chiofalo - Archivo

Me van a perdonar la comparación que estoy a punto de hacer, pero creo que es la mejor manera de entender la paradoja del precio de la vivienda. Si, como yo, aprovechan el fin de semana para ir al supermercado, estarán acostumbrados a que, por norma —y salvo ofertas puntuales—, el precio de alimentos como el queso, la carne o el pescado se fije por peso. Da igual la cantidad que se compre: el coste por kilo ya está estipulado de antemano.

 Sin embargo, esta norma cuasiuniversal no parece aplicarse a un mercado tan fundamental como el de la vivienda. Pongamos el caso del alquiler. El precio medio en la ciudad de València ronda ya los 1.200 euros (una barbaridad si lo comparamos con el Salario Mínimo Interprofesional). Si un piso fuera una pieza de queso y quisiéramos "comprarlo" por cuartos —es decir, por habitaciones—, lo lógico sería pagar unos 300 euros por cada una de las cuatro estancias.

 Pues no. Y es aquí donde entra en juego la anomalía que está disparando el precio de las habitaciones y, como efecto colateral, el de los pisos en su conjunto. A tenor de los últimos datos publicados, el precio medio de una habitación para estudiantes en València ya alcanza los 600 euros. De este modo, en una vivienda de tres o cuatro habitaciones, el propietario termina embolsándose entre 1.800 y 2.400 euros mensuales.

 Al final, la paradoja de la vivienda nos demuestra que, en este mercado, trocear el queso no solo no aligera la factura sino que sirve para hacer el negocio el doble de redondo pero solo para el propietario y nunca para el consumidor.

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La newsletter de Íñigo Roy / L-EMV

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