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Opinión | Bolos

Director de Levante-EMV

El papa predica fuera, pero solo le escuchan en València

El secretario autonómico de Hacienda Eusebio Monzó, y la profesora de Ciencia Política, Astrid Barrio, defienden la inteligencia humanitaria frente a la polarización

Eusebio Monzó y Astrid Barrio en el Foro Activos de Levante-EMV.

Eusebio Monzó y Astrid Barrio en el Foro Activos de Levante-EMV. / Fernando Bustamante

El papa predica por Madrid y Barcelona, pero donde le hacen caso es en València. El secretario autonómico de Hacienda y Financiación, Eusebio Monzó, y la profesora de Ciencia Política de la Universitat de València, Astrid Barrio, han dado una lección práctica de inteligencia humanitaria contra la polarización en el Foro Activos de Levante-EMV. La coincidencia no estaba escrita en el programa ‘Los motores económicos de València. Empresa, geopolítica y talento emprendedor’, pero apareció sola. Monzó habla desde la gestión pública; Barrio, desde la ciencia política. Uno, desde la hacienda autonómica. La otra, desde el mapa de una España más difícil de leer que de gobernar. Y, sin embargo, ambos sitúan a las personas por delante del ruido.

Monzó sostiene que la ciudadanía debe ser el indicador fundamental para repartir los recursos según las necesidades. Una idea sencilla que conviene subrayar porque lo evidente ya parece una extravagancia. Desde esa tesis defiende una España autonómica que no funcione como pelea diaria entre administraciones, sino como arquitectura útil. La Comunitat Valenciana sabe bastante de eso tras la dana y la persistente infrafinanciación. Y aun así crece, produce, exporta, emplea y sostiene un tejido empresarial capaz de adaptarse antes de que muchos despachos hayan terminado el diagnóstico.

Barrio habla de una España bloqueada, de un Gobierno sin presupuestos y de una legislatura pendiente de los tribunales, los pactos y el calendario. Pero también deja la tesis optimista sobre la capacidad valenciana para ejercer de bisagra, como territorio capaz de movilizar solidaridades sin renunciar a su perfil mediterráneo. Ahí está el punto de encuentro. Mientras Monzó reclama una financiación justa sin romper el modelo, Barrio ve en València una posibilidad de mediación en un país encendido. Ambos piden menos trinchera, y empresarios emergentes lo agradecen.

La política española vive demasiado pendiente de Madrid y Barcelona, como si fuera una misa de dos altares. Pero a veces la homilía se entiende mejor lejos del púlpito. En València, al menos por unas horas, se habló de economía, territorio y convivencia sin incendiar nada. Eso, hoy, ya parece talento emprendedor.

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