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Opinión | Trencar l'enfit

Isabel Olmos

Isabel Olmos

Subdirectora de Levante-EMV

Subdirectora de Levante-EMV

Mazón: cuando el teatro importa más que la realidad

La intervención del president en el grupo de Whatsapp del Consell el día de la dana apuntala la imagen que ha dejado tras su paso por la Generalitat: una en la que era más importante "inundar con datos" que establecer medidas de protección para la población. Y así nos fue.

Carlos Mazón, con chaleco de emergencia, el día después de la catástrofe.

Carlos Mazón, con chaleco de emergencia, el día después de la catástrofe. / Francisco Calabuig

Que levante la mano quien, teniendo WhatsApp, no ha metido la pata alguna vez y se ha equivocado escribiendo algo en un grupo o a un destinatario que no era el adecuado. A mí misma me ha pasado y, lo más divertido, he recibido mensajes de personas que hablaban de mí a terceros, por error, claro. Mensajes borrados precipitadamente, con su consiguiente huella digital y un cortisol disparado, son los fieles compañeros de estos tropezones comunicativos propios del siglo XXI, donde la instantaneidad, la confusión de plataformas y la incontinencia opinativa marcan un camino directo al abismo.

Chanzas aparte, hoy vengo a hablarles de un grupo de WhatsApp determinado: aquel que compartían los miembros del Consell presidido por Carlos Mazón el día de la tragedia de la dana. La vicepresidenta Susana Camarero ha accedido a entregar su contenido a la jueza que instruye la causa, Nuria Ruiz Tobarra, y, como tantas otras cosas relacionadas con el entonces president de la Generalitat, el contenido del chat es, sencillamente, vergonzoso. En los mensajes a los que ha tenido acceso Levante-EMV y, más concretamente, mi compañero Pablo Plaza, Mazón anima a sus consellers a «inundar de datos a los medios» porque, de esta manera, se «desprende la sensación de estar alerta que te cagas». Y, además, porque «a la gente le calma, que es lo importante», añadía.

Los mensajes apuntalan, sin duda, la imagen que el exdirigente popular ha dejado tras su paso por el Palau de la Generalitat: una imagen en la que era más importante aparentar que gestionar, hacer creer que transformar y comunicar antes que reaccionar. Y así nos fue. Esos mensajes se enviaron poco después de las ocho de la mañana para dar la sensación de que había alguien al volante. Sin embargo, poco después de intercambiar mensajes con sus consellers, algunos de los cuales expresaron ciertas dudas, el entonces president ya no volvió a escribir en el grupo durante toda la jornada. Claro, estaba en El Ventorro, en una larga comida de sobra conocida por todos. Lamentablemente.

Pero lo importante, recordemos, era «desprender la sensación de estar alerta», jugar al trilerismo político con la ciudadanía cuando el asiento del piloto estaba, en cierto sentido, completamente vacío. Los medios, señor president, ya llevábamos días informando con datos de lo que venía, por lo que no hacía falta «inundarnos» con datos. Nos habría ido mejor si, en vez de apostar por un alud de información sin sentido, hubiera cogido el timón y hubiera adoptado las medidas preventivas necesarias para reducir el enorme y dolorosísimo impacto de la tragedia. De una tragedia que nunca se podrá olvidar.

Igual que nos habría ido mejor si, en vez de preocuparse por aparentar estar alerta, hubiera estado alerta de verdad y hubiera enviado el ES-Alert muchas horas antes, sin esperar hasta las 20.11, cuando demasiada gente ya había perdido la vida.

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