Opinión | A la contra

Profesor de Filosofía y Agente de Igualdad
El espíritu de una huelga

Huelga de profesores: Manifestación de docentes por el centro de València / Miguel Angel Montesinos
Son varios los factores que convierten la huelga docente indefinida en histórica. El primero es el inmenso seguimiento del profesorado, que ha desplazado a la periferia las posturas contrarias hasta volverlas invisibles. Quienes no secundan los paros conforman un grupo irrelevante a nivel estadístico. De hecho, ¿alguien conoce los motivos o el relato de los no huelguistas? Ni siquiera han sido considerados por unos medios que han apoyado unánimemente la lucha por una educación pública digna de una sociedad libre, progresista y anticlasista. Téngase en cuenta que esta lucha feroz —y que nos supone un severo descuento en la nómina— reivindica que el hijo y la hija de la clase obrera merecen estudiar, graduarse en la universidad y quebrar esa maldición que supuso, durante siglos, nacer en la pobreza. Yo mismo encarno esa ruptura con el destino familiar heredado: mis progenitores pagaban a plazos los 600 euros de la matrícula de Filosofía, un esfuerzo económico titánico para un hijo de mecánico y de trabajadora doméstica. Soy el resultado de un sistema educativo anticlasista; un «milagro» en toda regla que justifica la urgencia de blindar la educación pública.
Esta huelga ha servido también para vertebrar al profesorado, a las familias y a los centros educativos. Nunca antes un instituto de Secundaria había compartido sus malestares de forma tan estrecha con las escuelas de Infantil y Primaria, organizando asambleas, encuentros y movilizaciones conjuntas. Rara vez las familias habían mostrado tanta empatía y solidaridad. En mis casi veinte años como docente —que cumpliré en 2027— jamás había experimentado tanta camaradería, proyectos compartidos, viajes para plantar cara a la Conselleria d’Educació, risas y alguna lágrima. Como triste contrapunto, solamente ha quedado en evidencia la pusilánime universidad, incapaz de sumarse firme y decididamente a nuestra lucha y exigir a la Administración un diálogo serio y respetuoso, sin ruindades.
En las manifestaciones me he encontrado con profesorado de otros centros que te acoge como a un miembro más de su claustro; he participado en asambleas ajenas donde siempre he tenido voz. He presenciado, por primera vez, la fuerza y el trabajo a destajo del sindicalismo de clase, con mujeres y hombres formidables como Beatriu Cardona, Lidia Peris, Marc Candela o Vicent Maurí, representando al STEPV, y la aguerrida Maite Tarazona por parte de UGT Serveis Públics PV. Hoy el sindicalismo tiene nombres y apellidos, al menos aquel que defiende las reivindicaciones docentes. En la otra cara de la moneda, CSIF y ANPE han puesto todo su empeño en abanderar la sumisión, la pleitesía y el fariseísmo.
Guardemos para el próximo curso este espíritu de lucha, sororidad y camaradería, tan necesario en una sociedad colapsada por los malestares. No perdamos el espíritu de esta huelga.
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