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Opinión | Las científicas cuentan

Universitat Jaume I y AMIT

El lenguaje que nos mueve: terminología, inteligencia artificial y espacios de datos para la movilidad del futuro

Para que los datos puedan circular, entenderse y generar valor, será necesario algo tan humano como el lenguaje. Porque, al fin y al cabo, incluso las máquinas necesitan comprender de qué estamos hablando

Ilustración de Andrea Corrales.

Ilustración de Andrea Corrales. / Andrea Corrales

Cuando pensamos en los vehículos del futuro solemos imaginar coches autónomos, sensores, inteligencia artificial y sistemas capaces de tomar decisiones en tiempo real. Sin embargo, existe un elemento fundamental para que todas estas tecnologías funcionen que rara vez ocupa titulares: el lenguaje.

Puede parecer sorprendente, pero detrás de cada sistema inteligente hay miles de conceptos que deben estar definidos con precisión para que personas y máquinas puedan entenderse. Los datos, por sí solos, no generan conocimiento. Necesitan contexto, significado y una forma común de interpretación. Y ahí es donde entran en juego la terminología y las tecnologías del lenguaje.

La movilidad sostenible constituye uno de los mejores ejemplos de este desafío. Fabricantes de vehículos, empresas tecnológicas, administraciones públicas, centros de investigación y operadores de transporte generan diariamente enormes cantidades de información sobre vehículos eléctricos, baterías, puntos de recarga, sensores, sistemas de asistencia a la conducción o infraestructuras inteligentes. Sin embargo, estos datos suelen crearse en entornos distintos, utilizando denominaciones, clasificaciones y criterios propios.

¿Cómo conseguir que toda esa información pueda compartirse y reutilizarse de forma eficiente? ¿Cómo garantizar que diferentes organizaciones interpreten del mismo modo los datos que intercambian?

Estas preguntas están en el centro de una de las grandes apuestas tecnológicas de la Unión Europea: los espacios de datos. Se trata de entornos diseñados para facilitar el intercambio seguro de información entre organizaciones, permitiendo que los datos generen valor sin perder el control sobre ellos.

Pero existe un aspecto menos visible que la infraestructura tecnológica y que resulta igualmente imprescindible. Para compartir datos no basta con que los sistemas estén conectados; también es necesario que comprendan el significado de aquello que intercambian. Si una organización utiliza un término con un significado diferente al de otra, o si un mismo concepto recibe denominaciones distintas, la interoperabilidad se vuelve mucho más compleja.

Por este motivo, el lenguaje se está convirtiendo en un componente estratégico de la transformación digital.

Desde hace más de veinte años, el grupo de investigación TecnoLeTTRA de la Universitat Jaume I trabaja precisamente en esta intersección entre lenguaje, conocimiento y tecnología. Nuestro objetivo es desarrollar métodos y recursos que permitan representar el conocimiento especializado de forma estructurada para que pueda ser utilizado tanto por expertos humanos como por sistemas informáticos.

Esta labor combina disciplinas que tradicionalmente han estado separadas, como la terminología, la lingüística, la ingeniería del conocimiento y, más recientemente, la inteligencia artificial. Hoy sabemos que los modelos de lenguaje, los sistemas de traducción automática y muchas aplicaciones basadas en inteligencia artificial necesitan acceder a conocimiento especializado de calidad para ofrecer resultados fiables.

En este contexto se desarrolla EcoDrive TermSpace, un proyecto en el que participan la Universitat Jaume I, la empresa valenciana Pangeanic y ValgrAI. Su objetivo es construir un espacio de datos terminológicos especializado en movilidad sostenible y vehículo autónomo.

La iniciativa parte de una idea sencilla pero poderosa: organizar y representar de manera rigurosa el conocimiento especializado del sector para facilitar su reutilización por personas, organizaciones y sistemas inteligentes. No se trata únicamente de recopilar términos, sino de establecer relaciones entre conceptos, identificar equivalencias entre lenguas y construir estructuras de conocimiento que permitan interpretar correctamente la información.

La relevancia de este trabajo es especialmente importante en un entorno cada vez más multilingüe y digitalizado. Las tecnologías lingüísticas, la inteligencia artificial y los espacios de datos necesitan compartir no solo información, sino también significado.

Quizá por eso resulta cada vez más evidente que la innovación tecnológica no depende exclusivamente de nuevos algoritmos o dispositivos. También requiere especialistas capaces de organizar el conocimiento y de construir puentes entre disciplinas distintas.

La movilidad del futuro será sostenible, conectada e inteligente. Pero para que los datos puedan circular, entenderse y generar valor, será necesario algo tan humano como el lenguaje. Porque, al fin y al cabo, incluso las máquinas necesitan comprender de qué estamos hablando.

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