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Opinión | Traspapelado

València

Me persiguen las narrativas: de Mazón caigo en 'El drama'

Para Mazón no importaba estar alerta, sino dar la sensación de estarlo. Fingirlo. Es lo que pasa cuando importa más comunicar que hacer. Me meto en el cine, veo El drama y me levanto con los relatos dentro. Nos construimos una narrativa sobre nosotros mismos. En los silencios del pasado, lo que no contamos, está la creación de un relato

Carlos Mazón habla con una diputada en las Corts, en una imagen reciente.

Carlos Mazón habla con una diputada en las Corts, en una imagen reciente. / Europa Press

Tengo un problema. Me persiguen los relatos. O las narrativas, que es el concepto ahora más en boga y que es como subir un peldaño en la recreación de lo real, como pasar del cuento al novelón con planteamiento, nudo y desenlace. Me persiguen, repito. No me los quito de encima. Me salen al encuentro en lo que veo, en lo que leo, en el trabajo. Faltaba Carlos Mazón con su wasap a los consellers. Algo así como aquel “apreteu, apreteu”. De raíz pareja. La mañana de la gran tragedia animaba a inundar de datos a la prensa, porque eso desprende sensación de estar alerta “que te cagas”. Es decir, no importaba estar alerta, sino dar la sensación de estarlo. Fingirlo. Engañar. Porque eso “calma a la gente”. Denota que antes de ponerse a desayunar, tras los mensajes de la consellera Salomé Pradas sobre la Ribera, sabía que había peligro. Pero (siendo bondadoso) quiero creer que pensaba que al final no iba a pasar nada. Es lo que dijo en privado horas después a los empresarios y sindicalistas con los que se reunió: que se exageraba con no ir al trabajo y parar la actividad. Es lo que creía y por eso se fue tranquilamente a comer a El Ventorro mientras todo su equipo y la mayor parte del Consell estaban fuera de juego. Es lo que pasa cuando importa más comunicar que hacer, cuando ambas acciones se desligan. Porque solo se trataba de dar la sensación de estar alerta, pero no era necesario estarlo. Y la alerta (real) no llegó. Y pasó todo lo que pasó. Y ya no valía aparentar, porque en la calle había 230 muertos. Y pasado el shock, volvimos a los relatos. Para justificar la ausencia indefendible. Pero las máscaras han ido cayendo.

Relatos. Los escucho hasta en el papa, que está bien asesorado (en eso el Vaticano es imbatible) sobre este país y nada más pisar la árida tierra hispana alerta de las “narrativas divisivas y polarizantes”. Todo resumido en tres palabras. 'Narrativa' es la palabra clave. La ficción por encima de la realidad. La marca de agua de estos tiempos.

Zendaya y Robert Pattinson, en 'El drama'

Zendaya y Robert Pattinson, en 'El drama' / Levante-EMV

Me meto en el cine, veo El drama y a la mañana siguiente me levanto con los relatos dentro. Nos construimos una narrativa sobre nosotros mismos, especialmente cuando tenemos que presentarnos para seducir a otro. En los silencios del pasado, lo que no contamos, está la creación de un relato propio. ¿Postureo o narrativa? A veces ese relato estalla y emerge el pasado con toda su brutalidad. De algo así va la película que vi, que no tiene los mejores actores ni la mejor dirección, tan agitada y extenuante, pero que dice bastante del mundo de hoy. ¿Cuántas identidades existen en uno? ¿Por qué uno no tiene el derecho a enterrar el pasado y ser otro? El drama de la realidad. ¿Es la que está al otro lado de la ventanilla, la que tengo en la cabeza o la que veo en la pantalla del móvil? ¿Por qué uno no puede perdonar al yo de su pasado?

No sé si Mazón ha podido perdonarse. Hay días en las Corts que parece que sí. Pero creo que es apariencia. El drama está dentro.

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