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Opinión | Bombeja Agustinet !

Héctor Rodas y el Llevant del futuro

Héctor Rodas y Rubén Castro en un Levante-Betis

Héctor Rodas y Rubén Castro en un Levante-Betis / Miguel Ángel Polo / EFE

La renovación de Rodas y Gila hasta 2028 es una bendición. El canterano granota sufrió, como tantos otros niños y jóvenes, el escaso compromiso de la entidad con su propia gente. Un mal endémico que se hunde en la noche de los tiempos, pese al extraordinario episodio de Los Invencibles, hace ya un siglo. En su día, el Llevant, en vez de darle continuidad, aunque fuese como tercer central, apostó por fichar otros de fuera que, en la mayoría de los casos, no mejoraron sus prestaciones. Rodas, además de su fidelidad levantina, tenía otra virtud no tan común en nuestro balompié: entendió desde muy joven que debía formarse de cara al futuro. Y así, el del Cabanyal acabó, con paciencia, al servicio, de nuevo, del club de su vida. Cuando el Llevant se deshizo de Miñambres, que dejó en Orriols más sombras que luces, Danvila inició un casting para acabar optando por la solución de futuro que tenía en casa: Rodas… y Gila, un pequeño genio que lleva siete años en Orriols, aplicando en todas las parcelas deportivas su conocimiento en scouting y análisis de datos.

Apostar por Rodas y Gila representó entonces una doble declaración de intenciones: contar con nuestro propio talento y trabajar el fútbol desde la base. Renovarles es un compromiso de continuidad en esta línea, pese a la fugacidad que acompaña siempre a este deporte. También una tranquilidad, ya que lógicamente el trabajo de ambos no había pasado inadvertido. Como se demostró con el cambio de entrenador, el equipo que construyeron tenía un potencial y ha acabado ofreciendo un rendimiento en que pocos creían.

La compenetración de Rodas y Gila con Castro y su equipo, con Iborra y el resto de técnicos de la casa y con el propio máximo accionista ha sido decisiva. En primer lugar, el portugués mostró, desde el primer momento, su voluntad de aunar esfuerzos y conocimientos, en una simbiosis llena de generosidad por todas las partes. En segundo lugar, para una sociedad financieramente en el alambre, ha sido esencial el diálogo fluido entre la dirección deportiva y el máximo accionista, que debía dar el visto bueno a las operaciones, algunas con cierto riesgo. La propia llegada de Castro representó una decisión valiente y atrevida, pero coral, donde tuvo que ver, sin duda, la casualidad y la fortuna. Donde hubo también un poso de arduo trabajo de base que permitió acertar. Y de audacia.

Una de las grandes virtudes que se puso sobre la mesa para la llegada del portugués fue su capacidad para trabajar con el fútbol base, entendiendo al Llevant como un todo que empieza en los niños. Desde luego, ya ha demostrado que no le tiembla el pulso para dar la alternativa a los chavales. En este sentido, muchos ven un hándicap en que el Atlètic Llevant no haya ascendido. Sin embargo, estando donde está, la cantera ha dado unos frutos extraordinarios desde hace años. Y es que no tiene tanta importancia la categoría del filial como la inversión en profesionales que permitan el crecimiento integral de nuestros canteranos en todos los escalones de Buñol (y esperemos que pronto de Natzaret). Y sobre todo, es fundamental la mentalidad de dirigentes y afición. En una entidad modesta como la nuestra, la escuela es la piedra angular para seguir soñando. Pero es necesario tener paciencia y audacia, virtudes poco comunes. Volviendo al principio del artículo, quién sabe si Héctor Rodas, en un Llevant como el que él mismo está contribuyendo a construir ahora mismo, junto a Gila, hubiera acabado por convertirse en un “one-club man”.

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