Opinión

Profesor de Filosofía y Agente de Igualdad
El museo de Camilo Sesto: modernidad o nostalgia

Alcoi inaugura el museo de Camilo Sesto. / Juani Ruz
El museo de Camilo Sesto se inauguró en Alcoi el pasado jueves 11 de junio. Asistí a la apertura institucional sin ideas preconcebidas pero repleto de ilusión; si había una deuda pendiente en su pueblo natal, era la de rendirle un espacio de culto público y laico. Camilo forma parte del imaginario colectivo de, al menos, dos generaciones; su legado musical lo sitúa como uno de los cantautores más internacionales de habla hispana. Podrá gustar más o menos pero, se mire como se mire, es un digno representante de la cultura popular en el más puro sentido de la palabra.
Como no podía ser de otra manera, el espacio dignifica su obra. Logra una acertada simbiosis entre la dimensión profesional —en principio, la que más importa— y la íntima, al compartir objetos personales como correspondencia, pinturas, galardones, su estudio musical e incluso elepés de su propia colección. Destaca el ejemplar de Maravilloso corazón, dedicado por Raphael en 1989: «Querido Camilo, maravilloso año 90 maravilloso». Se trata del año de edición de uno de los grandes trabajos de Raphael con temas de Roberto Livi.
El acto destacó por ser una celebración sin excesos ni pompas. Magníficamente organizado, se presentó a los medios de comunicación y a un grupo de personas vinculadas a la trayectoria del artista. Sus últimos años de vida merecerían una columna aparte. En la cita se echó en falta la asistencia de amistades del cantante alcoyano, pero ¿queda alguna más allá de Ángela Carrasco? La cantante fue invitada por el ayuntamiento pero se encuentra fuera de España. Por su parte, la presencia de Lourdes Ornelas fue tan discreta como el propio evento. Manifestó representar a las muchas personas implicadas en el proyecto museístico; acudía, dijo, en nombre de su hijo Camilo. Ornelas trató con exquisitez a los invitados, consciente —e incluso quizás resignada— de haberse convertido en el nexo visible más inmediato con el mito.
Quedan ahora dos retos considerables para la corporación municipal alcoyana y, en concreto, para las concejalías de Cultura y Turismo. El primero, dinamizar jornadas y debates en torno al artista. El segundo, instaurar una pedagogía de su legado en las futuras generaciones. De esto último me di cuenta al constatar que la inmensa mayoría de los asistentes peinaba canas. El único adolescente, un joven del IES Pare Vitoria, se había colado movido por la curiosidad. Ese es el espíritu necesario: el aprendizaje intergeneracional. Alcoi debe impulsar una agenda camilista (conciertos, conferencias y talleres en centros educativos) socializando su figura. De lo contrario, el museo corre el riesgo de convertirse en un mero reducto de nostalgia condenado a la extinción en apenas unas décadas.
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