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Opinión | Bolos

Director de Levante-EMV

La batalla de València, atrapada entre Ferraz y Génova

El presidente de la Generalitat valenciana, Juanfran Pérez Llorca, y el ministro de Hacienda, Arcadi España, durante una reunión en el Palau de la Generalitat valenciana.

El presidente de la Generalitat valenciana, Juanfran Pérez Llorca, y el ministro de Hacienda, Arcadi España, durante una reunión en el Palau de la Generalitat valenciana. / Rober Solsona / Europa Press

El presidente de los empresarios valencianos, Vicente Lafuente, lleva desde que accedió al cargo haciendo todo lo posible para que el Consell y el Gobierno alcancen acuerdos básicos, como el de la financiación. Cuenta con la inestimable ayuda de los líderes sindicales Tino Calero (UGT) y Ana García Alcolea (CCOO), así como con el respaldo de la Cámara de Comercio y la complicidad de todas las universidades. Sin embargo, tan influyente grupo sigue sin hacer mella en la batalla de relatos impulsada desde el Palau y la Moncloa, donde la culpa siempre recae en el otro.

La cordialidad existente entre el president Pérez Llorca y el ministro España resulta insuficiente para que la Comunitat Valenciana siga avanzando en bienestar y prosperidad. Y no tanto por falta de voluntad de ambos como por la disciplina impuesta por sus respectivos partidos. No tengo duda de que, si se encerraran un rato sin interferencias, alcanzarían algún entendimiento. Pero eso no será posible mientras Ferraz y Génova se impongan al cacareado poder valenciano.

A Juanfran Pérez Llorca le gustaría exhibir su faceta más autonomista, que le viene de fábrica, y Arcadi España es de los pocos federalistas que sobreviven en un PSPV cada vez más provinciano; así que, sin las respectivas mochilas partidistas, probablemente se entenderían a la primera. Pero Llorca aspira a convertirse en el candidato predilecto de Núñez Feijóo y España le estará eternamente agradecido a Pedro Sánchez por una cartera ministerial que, aunque previsiblemente breve, le aporta proyección política y le abre la puerta a ser diputado por València. Así que, pese a la cordialidad mutua y a su coincidencia en el diagnóstico de la persistente infrafinanciación, seguirán aferrados al argumentario partidista.

Lo que desconocen el president y el ministro es la capacidad de trabajo de Lafuente para seguir tejiendo consensos desde la base y sumar apoyos a una causa contra a la polarización. Esa es la mejor noticia, porque el progreso valenciano históricamente ha desconfiado del poder político. La peor es tener que esperar unos meses hasta un cambio de ciclo, precisamente cuando el tiempo es oro y vienen curvas. Veremos cómo se pagan esos retrasos en las urnas.

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