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Opinión

Licenciado en Ciencias Económicas y Derecho

El corredor en marcha

Sin el eje mediterráneo de conexión ferroviaria se compromete seriamente el futuro de las economías de las áreas adscritas al mismo

Una visita de obras al corredor mediterráneo

Una visita de obras al corredor mediterráneo / Daniel Tortajada

Parece que sí, pues según Joan Calabuig, comisionado del Gobierno para el corredor mediterráneo, parece que este entra en su fase definitiva, y, ya en 2026, comenzarán a percibirse resultados concretos. Hace ya más de veinte años, el 5 de agosto de 2004, se constituyó, en Bruselas, la asociación Ferrmed, para la promoción del eje ferroviario de mercancías Rin-Ródano-Mediterráneo Occidental, con el objetivo de descongestionar el sistema de transporte de mercancías por carretera, por considerar insostenible el propio sistema y ante las regulaciones europeas e internacionales que lo penalizan.

El momento viene a coincidir con la reivindicación del espacio mediterráneo, que, desde las páginas de este mismo medio de comunicación, se ha vuelto a poner de manifiesto, en el III Foro del Mediterráneo. Las ventajas para nuestro territorio resultan determinantes. Entre otras, la descongestión de las autopistas y la mayor seguridad en el transporte; el incremento de tráfico para nuestros puertos, con la posibilidad de equilibrar el gran peso de los del norte de Europa; la mejora en la competitividad empresarial por el ahorro en costes y la mejora de los procesos de distribución; el desarrollo social de las poblaciones en las áreas afectadas; y el ahorro energético derivado de la aplicación de las directrices medioambientales de la Unión Europea, sobre reducción de emanaciones de CO2 y de medio ambiente.

Numerosas instituciones y empresas se adhirieron inmediatamente al proyecto ferroviario, para que la Unión Europea lo declarara como prioritario y el Ministerio de Fomento de España lo incluyera en el Plan Estratégico de Infraestructuras del Transporte. La influencia del proyecto alcanzaba a 100 millones de ciudadanos europeos, lo que suponía el 20 por 100 de la población y del PIB de la UE, y su área total de influencia llegaba a los 230 millones de habitantes, el 50 por 100 de la población y del PIB de la UE. Así, en el proyecto citado, estaba el corredor mediterráneo, entendido más como eje de desarrollo que como corredor de paso, para favorecer la competitividad de las empresas en su ámbito, y, con ello, la igualación entre los niveles de renta de las regiones por donde trascurre en el Mediterráneo.

Ello supone el establecimiento de un plan coherente de mejora de la red de transporte terrestre, incluida la necesidad de los enlaces de cercanías, para cumplir los objetivos de la Comisión Europea, con la participación del ferrocarril en el año 2030. Sin el eje mediterráneo de conexión ferroviaria se compromete seriamente el futuro de las economías de las áreas adscritas al mismo, por lo que, tras tantos años de espera, se deben culminar ya, los trabajos necesarios para la realización del mismo, y con ello de sus ramales de conexión.

Existe otro corredor, el del Gotardo, más corto, bajo los Alpes, que facilita, ya, la distribución de productos desde los puertos ubicados en el norte y sur de Europa, para abastecer todo el continente europeo. Su impacto y rentabilidad resulta fácil comprobarlo, por la determinación con la que se ha llevado a cabo, apoyado por la Comisión Europea. Por todo ello, y considerando que, sin un eje de estas características, se compromete seriamente el desarrollo de las economías de regiones y puertos, de las áreas adscritas al mismo, urge la finalización cuanto antes, del corredor mediterráneo, y en ello estamos.

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