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Opinión

València

Patente de corso

Cientos de taxis en una manifestación en València para exigir la regulación de las VTC.

Cientos de taxis en una manifestación en València para exigir la regulación de las VTC. / Fernando Bustamante

Decreto Ley 5/2026 que regula a las VTC en la CV

La sociedad europea ha evolucionado mucho, pero vuelve a tropezar una y otra vez con la naturaleza humana y su capacidad para retorcer las normas para favorecer intereses privados. Solo hay que leer la historia de Roma para darse cuenta que la lucha por el poder y el monopolio de los recursos no se ha inventado en el siglo XXI, convive con nosotros desde que tenemos conocimiento y no cambia, solo se adapta a las circunstancias.

La patente de corso tiene inicio en el Mediterráneo de los imperios griego y romano y se generaliza en las guerras por el monopolio de las rutas americanas entre España e Inglaterra en los siglos XVI y XVII. Consistía en una autorización administrativa, que se concedía por medio de Decretos y Ordenanzas a particulares para poder ejercer la piratería de una forma “legal”… ¿os suena de algo?

En el siglo XXI, en la Comunitat Valenciana, se acaba de aprobar un Decreto Ley, que permite que las plataformas piratas y sus esbirros (cientos de empresas puente y algunos especuladores privados que van metiéndose en el negocio -algunos son familiares de los mismos políticos que firman las patentes-), puedan actuar desde algo cercano a la legalidad y expoliar a todo aquel que cae en sus rutas. Solo hay que entender un poco y haber seguido el desarrollo de este Decreto, para darse cuenta de las maniobras de estos lobbies para intentar quedarse con todo.

El Taxi luchará hasta el final, no tendrá los mismos navíos ni tanto poder de disparo como los corsarios, pero tiene la razón de su lado y vive para servir a una sociedad que ya no vive en la Edad Media, que ha evolucionado para proteger a sus ciudadanos y que, aunque tarda en asimilarlo, cuando se da cuenta, no se deja pisar. Lo estamos viendo, no solo con el Taxi, sino también con nuestros educadores y sanitarios como ejemplo.

Los Servicios Públicos no son unas marionetas a disposición de los sinvergüenzas y corruptos que nos gobiernan ni de las multinacionales piratas que esperan como buitres sus patentes de corso. Los Servicios Públicos son un patrimonio de la sociedad y no debemos permitir que se pierdan por la gestión de incapaces o por el interés de especuladores o multinacionales.

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