Opinión | 120 aniversario de Casa Caridad

Presidenta de la Asociación Valenciana de Caridad
La infancia no puede esperar: educación como respuesta social
El bienestar de un niño o una niña está estrechamente ligado a la estabilidad de su hogar. No basta con ofrecer una plaza escolar si alrededor hay una familia que no puede afrontar el alquiler

Imagen de archivo de uno de los tres centros de Educación Infantil para niños en riesgo de exclusión de Casa Caridad.
En los últimos años he aprendido que, cuando hablamos de vulnerabilidad, casi nunca existe una única causa ni una única respuesta. Detrás de una dificultad económica suele haber muchas otras: problemas de vivienda, empleos inestables, falta de red familiar, trámites administrativos complejos o dificultades para conciliar. Y cuando en ese entorno hay niños y niñas, la respuesta debe llegar cuanto antes.
Porque la infancia no espera. No espera a que una familia resuelva su situación laboral, a que encuentre una vivienda más estable o a que supere una etapa de incertidumbre. Los primeros años de vida avanzan rápido y lo que sucede en ellos puede condicionar muchas de las oportunidades futuras. Por eso, intervenir desde la educación infantil no es una cuestión secundaria: es una responsabilidad social.
En Casa Caridad siempre hemos entendido nuestros centros de educación infantil como mucho más que un recurso educativo. Son espacios de cuidado, aprendizaje y convivencia, pero también de prevención, detección temprana y acompañamiento a las familias. Lugares desde los que no solo se atiende a niños y niñas de 1 a 3 años, sino desde los que también se observa, se escucha y se trabaja con su entorno más cercano.
Actualmente contamos con tres centros de educación infantil, ubicados en Petxina, Benicalap y Torrent. Durante 2025, hemos atendido en ellos a 244 niños y niñas y hemos acompañado a 226 familias en situación de vulnerabilidad. Son cifras que ayudan a dimensionar la labor, pero lo importante no está solo en el número, sino en lo que representan: una forma de intervenir desde la infancia, con una mirada puesta en toda la familia.
Porque el bienestar de un niño o una niña está estrechamente ligado a la estabilidad de su hogar. No basta con ofrecer una plaza escolar si alrededor hay una familia que no puede afrontar el alquiler, que necesita orientación para acceder a un empleo, que tiene dificultades para regularizar su situación administrativa o que no sabe a qué ayudas puede acogerse. La educación infantil, en estos casos, se convierte en una puerta de entrada a un acompañamiento mucho más amplio.
A través del Programa Escuela Familia que desarrollamos en nuestros centros, podemos conocer de cerca la realidad de cada familia, diseñar itinerarios personalizados y acompañar procesos relacionados con el empleo, la formación, la vivienda, las ayudas sociales o los trámites administrativos. No hablamos de intervenciones aisladas, sino de un seguimiento continuado que busca generar estabilidad.
Y esa estabilidad importa. Importa porque permite que una madre pueda formarse o buscar empleo, porque ayuda a una familia a ordenar su situación y porque ofrece a los niños y niñas un entorno más adecuado y con más oportunidades. La educación infantil no transforma por sí sola todas las dificultades, pero puede ser el punto de partida para que muchas cosas empiecen a cambiar.
Durante mucho tiempo, la labor de Casa Caridad se ha asociado principalmente a la atención a personas adultas o a recursos básicos como la alimentación. Y, aunque esa parte de nuestra actividad sigue siendo fundamental, es importante que la sociedad conozca también el trabajo que realizamos con la infancia y con las familias. Porque actuar en las primeras etapas de la vida es una de las formas más eficaces de prevenir situaciones de exclusión futuras.
La vulnerabilidad no aparece de un día para otro. Muchas veces se acumula, se transmite y se enquista cuando no existen apoyos suficientes. Por eso, si queremos construir una sociedad con más oportunidades, debemos mirar antes, llegar antes y acompañar mejor.
Casa Caridad lleva 120 años adaptando su respuesta a las necesidades de cada momento. Hoy, una parte esencial de esa respuesta pasa por acompañar a las familias desde la educación infantil, porque ahí se construyen muchas de las oportunidades del futuro.
Invertir en infancia no es solo pensar en el mañana. Es actuar con responsabilidad en el presente.
Y cuando una familia consigue estabilidad, no solo mejora la vida de quienes la forman. También avanzamos, como sociedad, hacia un modelo más justo, más preventivo y más comprometido con quienes más apoyo necesitan.
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