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Opinión

València

El Mundial de la prioridad nacional y el país que tenemos

Me asquea este clima donde parece que la mirada neutra y desapasionada sobre los hechos se desvanece y solo toca decidir, como ciudadano, con qué ojos prefieres ver la realidad y sumarte a aquellos que así te la ofrecen

Lamine Yamal, en el entrenamiento de ayer.

Lamine Yamal, en el entrenamiento de ayer. / Lavandeira jr / Efe

Anima Pedro Sánchez a preguntarse qué país se va a presentar a las elecciones, si mejor o peor que el de hace tres años. Obvio que es un país con mejores indicadores económicos (menos paro, más crecimiento que el vecindario, un salario mínimo más alto…), pero un país donde los grandes problemas siguen siendo los que eran: una vivienda inaccesible, una juventud amargada por ello y unas clases medias cuyo poder adquisitivo se deteriora. Es un país también donde el distanciamiento y la ira entre los grandes partidos moderados se ha agudizado, por lo que cada vez son menos moderados. Un país que parece que ha perdido el miedo a ser gobernado por la extrema derecha y así, el principal movimiento político de la semana es cómo Núñez Feijóo, que no progresa adecuadamente en las encuestas pese a la sucesión de crisis en torno a Sánchez, asume con naturalidad ya gobernar con Vox. Y la causa o el resultado de todo eso es que este es el país donde esa extrema derecha se ha hecho con la llave del discurso público. La prioridad nacional es el mejor ejemplo.

Es el mensaje que cala los días. El America First con boina y polvo. Ensucia tanto que hasta Díaz Ayuso, cum laude en trumpismo, ha impuesto lo propio en sus bonos transporte: solo para madrileños. La pregunta es cuándo tardará el invento en llegar aquí. Porque pasará.

En estos días conviven un clima política desalmado y el Mundial de la gran evasión. Olvidas a Zapatero, a Leire y a la prioridad y te sumerges en un plano de realidad donde España hace aguas sin sus dos estrellas en los extremos, pero casi sin ver que se trata de dos hijos de africanos que incluso (uno de ellos) ruega a Alá al salir al campo. Un plano donde esa Suiza que vota si cierra las fronteras juega con un puñado de apellidos hispanos y una mayoría amplia de futbolistas africanos. El Mundial es la evidencia de la hipocresía de la prioridad nacional y eso de ‘los españoles, (o los suizos) primero’, pero eso es como si no estuviera. Simplemente se grita ante una pantalla verde con una camiseta que lleva en la espalda un nombre tan propio del ruedo ibérico como Lamine.

Carlos Mazón, en su nuevo lugar en las Corts.

Carlos Mazón, en su nuevo lugar en las Corts. / Fernando Bustamante

¿Y qué pasa con este país llamado comunidad? ¿Está mejor, siguiendo el examen de Sánchez? Háganse la pregunta. Diría que tiene los mismos problemas que España en cuanto a vivienda y coste de la vida, con el añadido de una mala e injusta financiación del Estado, que no se ha solventado, y una deuda que lastra la caja pública. Tiene una mayor estabilidad parlamentaria que España, pero porque aquí la ultraderecha es aliada del PP y ya influye, así que estos tres años han afianzado una política de bloques con cada vez menos vías de comunicación, que se oxidan. De todas maneras, es un viaje en falso pensar en esta tierra sin tener en cuenta la dana. La gran diferencia con 2023 es que la Comunitat Valenciana arrastra hoy el trauma de una mortal riada con 230 víctimas. Lo sucedido aquel 29 de octubre sigue generando noticias hoy, 600 días después. Este lugar es tan diferente que el presidente de entonces ha tenido que dimitir para empezar a tapar las vergüenzas de lo no hecho de aquel día. Hay, por tanto, una mayor inestabilidad institucional hoy.

Creo que Feijóo aplica a la Comunitat Valenciana el axioma baldoviano: 'quan toque, regarem'

La prueba es que Feijóo visita València esta mañana después de muchos meses y se ha levantado una ola de expectación. Viene a proclamar a Pérez Llorca. Viene a convocar el congreso. Viene a sondear el ambiente en un partido donde hay más movimiento subterráneo del que aflora. Eso se ha dicho. No sé qué pasará, pero un amigo dice que la explicación más sencilla suele ser la más real. Si aplicamos esta lógica, lo más sencillo es que el líder del PP está en campaña (la suya) y, al mismo tiempo que va a los programas televisivos de más audiencia (si son afines, sobre todo), viaja también a los grandes graneros electorales para empezar a buscar los votos (los suyos), porque está convencido (su acción lo demuestra) de que Sánchez claudicará en los próximos meses, sea por voluntad propia (para controlar los tiempos y los procesos de la próxima elección), sea por moción de censura. ¿Y la Comunitat Valenciana? Creo que Feijóo aplica el axioma baldoviano (del líder de Compromís, no de Bernat i Baldoví): quan toque, regarem.

A mí, además y sobre todo, me asquea este clima donde parece que la mirada neutra y desapasionada sobre los hechos se desvanece y solo toca decidir, como ciudadano, con qué ojos prefieres ver la realidad y sumarte a aquellos que así te la ofrecen. Los temibles bandos que quieren hacerse fuertes también en los medios de comunicación.

Me gusta el periodismo que se pregunta (y se empeña) por los porqués, sin apriorismos, igual que me gusta la literatura que entiende que en la vida no sirven los porqués.

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