Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

Miguel Soler

Miguel Soler

Secretario de Educación del PSPV-PSOE

Secretario de educación de la ejecutiva del PSPV-PSOE

El president que escucha a Vox y desprecia al profesorado

El president de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, durante un pleno de Les Corts Valencianes.

El president de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, durante un pleno de Les Corts Valencianes. / Ana Escobar / EFE

Hay políticos que se definen por sus discursos y otros por sus hechos. Juanfran Pérez Llorca pertenece al segundo grupo. Puede hablar de diálogo, estabilidad y nueva etapa, pero su trayectoria reciente dice otra cosa. Con Vox sabe negociar, pactar, encontrar tiempo, fórmulas, cesiones y acuerdos. Con la comunidad educativa, con las víctimas de la DANA y con los problemas reales de los valencianos, solo sabe esconderse, descalificar o ganar tiempo.

Lo que se está conociendo sobre los mensajes del grupo de WhatsApp del Consell durante la DANA no es una cuestión menor. No hablamos de una anécdota ni de un error de comunicación. Hablamos de un gobierno que estaba al corriente de lo que ocurría, de consellers que conocían la gravedad de la situación y de una cadena de responsabilidades que no puede despacharse con silencio, excusas o cambios cosméticos.

Pérez Llorca tuvo una oportunidad cuando llegó a la Presidencia de la Generalitat. Podía haber marcado distancia con el gobierno de Mazón, exigir responsabilidades, apartar a quienes incumplieron sus obligaciones y abrir una etapa de verdad. Hizo lo contrario. Mantuvo a la mayor parte de aquel equipo, protegió a los suyos y convirtió la continuidad en estrategia. No depuró responsabilidades. Las tapó políticamente. Administró la herencia de Mazón.

Eso define su presidencia. Cuando una tragedia exige verdad, reparación y ejemplaridad, Pérez Llorca responde con cálculo político. Cuando una ciudadanía golpeada necesita confianza, ofrece blindaje interno. Cuando las víctimas necesitan saber qué ocurrió y quién falló, el PP se protege a sí mismo.

La misma actitud se ha visto en la huelga educativa. La comunidad educativa valenciana lleva meses reclamando mejoras serias para la escuela pública, plantillas suficientes, ratios razonables, condiciones laborales dignas, medios adecuados para una educación inclusiva, infraestructuras en condiciones y compromiso presupuestario real. No pedían privilegios. Pedían que se tomara en serio la educación pública.

¿Y qué hizo Pérez Llorca? Primero se negó a reunirse con los sindicatos educativos. Después los señaló. Luego los despreció. En Les Corts llegó a decir que había niños en los patios mientras profesores estaban en las aulas sin querer atenderlos. Después habló de tensión, violencia, agitación y de quienes supuestamente no querían acuerdos. Finalmente compareció con una operación de autobombo, como si el profesorado no supiera leer una propuesta, analizar una cifra o distinguir entre compromiso real y propaganda.

Ese es uno de los grandes errores del PP valenciano. Creer que el profesorado es tonto. Creer que basta con juntar anuncios, cifras parciales, medidas aplazadas, promesas sin garantías y compromisos sacados de contexto para que la comunidad educativa se dé por satisfecha. No han entendido nada. El profesorado no ha rechazado una mejora. Ha rechazado una chapuza y un intento de engaño.

El contraste con Diana Morant es evidente. Mientras Pérez Llorca se negaba a escuchar y después se dedicaba a descalificar, Diana Morant encontró tiempo para reunirse con los sindicatos educativos antes de la huelga. Lo hizo para trasladarles apoyo, escuchar sus reivindicaciones y reconocer que detrás de sus demandas había una defensa legítima de la educación pública valenciana. Y volvió a reunirse con ellos al suspenderse la huelga para comprometerse con el futuro. Esas reivindicaciones serán compromisos de gobierno si los valencianos la eligen como futura presidenta.

Ahí hay dos formas de entender la política. Una escucha antes de hablar, respeta a los profesionales y convierte las demandas sociales en compromisos de futuro. La otra se encierra, desprecia, acusa y solo comparece cuando cree que puede sacar ventaja propagandística. Diana Morant se reúne con la comunidad educativa. Pérez Llorca la insulta. Diana Morant compromete futuro. Pérez Llorca reparte culpas. Diana Morant escucha. Pérez Llorca se protege.

Y, sin embargo, con Vox no tiene esos problemas. Con Vox sí ha sabido negociar. Lo hizo como secretario general del PP para cerrar aquel vergonzoso acuerdo que abrió la puerta al gobierno de Mazón, el famoso acuerdo de la servilleta. Lo hizo después para convertirse en candidato a la Presidencia de la Generalitat. Y lo ha hecho ahora para pactar los presupuestos. Tres momentos decisivos. Tres acuerdos con la extrema derecha. Tres demostraciones de cuál es su prioridad.

Ese es el perfil político de Pérez Llorca. Duro con el profesorado, dócil con Vox. Exigente con quienes defienden los servicios públicos, complaciente con quienes los cuestionan. Incapaz de reunirse a tiempo con la comunidad educativa, pero siempre dispuesto a negociar con la extrema derecha cuando está en juego el poder del PP.

La Comunitat Valenciana no necesita un president pendiente de Madrid, hipotecado por Vox y atado a la herencia de Mazón. Necesita un liderazgo capaz de escuchar, asumir responsabilidades y poner por delante los intereses de los valencianos. Pérez Llorca ha demostrado justo lo contrario.

Con Vox sí sabe negociar. Con la educación pública, no. Con las víctimas, no. Con los valencianos, no. Ese es el problema. No es una anécdota. Es una forma de gobernar.

Tracking Pixel Contents